viernes, 13 de febrero de 2009

Capel abre su corazón al valle de Elqui


Todavía recuerdo cuando desperté aquella madrugada a inicios de los noventa. Durante la noche había estado viendo una película en algún canal nacional y en vista de mi pesado sueño yacía durmiendo sin que siquiera un el volumen del aparato pudiese mermar mi letargo. Pero era tarde, bien tarde en realidad y el calor de verano me comenzó a sofocar.
Abrí un ojo y percibí a través de él una imagen cobriza que se mezclaba con tonos muy verdosos para dar paso después a un rojo intenso que me hizo abrir el otro ojo. La música era la mejor de las acompañantes para aquel spot publicitario que me marcó y que recuerdo como si fuera ayer.
La noche siguiente intenté no dormirme para poder ver completo de qué se trataba. No fue fácil vencer el cansancio de un agitado día en la calle, pero lo logré. Creo que pocas veces me ha marcado tanto un comercial. Por lo general no me gusta mucho la publicidad, pero éste me deslumbró.
¿Cómo olvidar ese imponente cerro café claro que ni siquiera era capaz de hacerle mella a un sol radiante que impactaba en un suelo pastoso? Después me di cuenta que se trataba de viñas. Sí, las mismas que tenía en el patio de mi casa en San Antonio, aunque más grandes, frondosas y productivas.
No necesité preguntarle a mi mamá de qué se trataba el spot ni menos a dónde apuntaba. Sin ser bebedor, aquella frase “Capel, el auténtico pisco del valle de Elqui”, me trastocó. Cómo era posible que a más de 700 kilómetros me identificara con un lugar que no había conocido jamás. Pero era mi lugar, mi espacio, aunque todavía no era mi tiempo de conocerlo.
Desde ese instante, cada vez que veía después de las noticias de medianoche aquellas imágenes, entendía que la conjunción de tonos me maravillaba. Así como a muchos.

LA LLEGADA
Debo ser sincero, físicamente jamás estuve cerca de conocer el enigmático valle de Elqui o parte de esta región acogedora, cálida, de oportunidades y con mucho potencial. Pero espiritualmente, dentro de mi sensibilidad y mis anhelos, siempre se me pasaba por la mente y especialmente por el corazón, estar acá.
Debo reconocer que llevo sólo 14 meses en este suelo que me atrapa y no deja irme por mucho tiempo. Pero gran parte de esos intensos lazos los creé sin saber jamás que estaría acá.
Pero sigamos con el interesante valle de Elqui, aquel de las parras lindas, de las uvas escondidas, del agua cristalina de un enjuto río Elqui que alimenta extensos terrenos y de un embalse Puclaro que me sobrecoge.
Como les decía sólo tengo un año y dos meses en La Serena y la semana pasada conocí uno de los sitios con el que soñé muchas veces. Y es que Vicuña no sólo debe jactarse de haber tenido a una Premio Nobel, sino que también a una de las empresas que mayor impacto ha generado en la región.
Aquella Cooperativa Agrícola Pisquera Elqui Limitada (Capel) me abrió sus puertas para conocer su historia, aquella que yo imaginaba cada vez que veía ese comercial maravilloso que busco y busco en internet, pero aún no lo encuentro. O que quizás, no deseo encontrar.
Poder dimensionar el color rojo intenso con el que me crié me resultó muy difícil. Y es que cada rincón está hecho para que recordemos y llevemos para siempre un pedazo de esa historia que hizo único a este valle.
Mientras avanzo ya me siento un vicuñense más -o elquino como les gustan que les digan-, orgulloso de su empresa querida que enlaza sus procesos con más de 1.300 productores. Resulta peculiar ver cavas gigantes que han sido dadas de baja, pero que hoy albergan la creatividad de cinco artesanos. Cuando entro a uno de ellos, siento inmediatamente ese olor a madera que condensa aquel brebaje que ha hecho soñar a algunos, inspirarse a muchos y pasar vergüenza a otros.
Rápidamente la guía nos lleva en dirección a la planta que luce inmensa y esperando los primeros racimos de uva para ser molidas en lo que se denomina la primera etapa.

LOS SECRETOS
Antes de interiorizarnos en el tema, Angélica, nuestra guía, nos devela parte de los secretos de esta empresa que se constituyó como cooperativa en 1938. “Son tres: El sol, la falta de agua y el rizotrón”. ¿Qué cosa?, le pregunto. Sin responderme verbalmente saca unas tapas que están justo debajo de un patronal que contiene las más importantes variedades de uva, principalmente Moscatel (de Alejandría y Austria), Pedro Jiménez y Torontel.
“El rizotrón es una cámara que contempla la raíz de la parra y permite ver en qué condiciones se encuentra el suelo. Mientras más seco sea, mejor calidad tendrá la uva”, dice con su voz parsimoniosa. Lo ideal es que el sol no llegue a la raíz, sino que sólo se concentre en la parra, me explica más tarde.
Tras eso pasamos a la primera de las fases productivas donde Capel elabora su pisco. Partimos por la etapa de recepción y molienda, donde surge imponente una especie de taladro gigante que determina el nivel y calidad de la uva. Es la prueba de calidad.
La idea es que la fruta esté entre 10 y 15 días fermentándose, para ello se deposita en cubas, cuya capacidad oscila entre 50 a 100 mil litros. He aquí el segundo paso.
La tercera consiste en el destilado. Me detengo y aflora mi inquietud periodística. Angélica me enseña el alambique, una especie de tubo donde se hierve el vino hasta los 85º. Curiosamente, aquí me doy cuenta de la importancia del cobre, pues de no ser por este metal, sería imposible hervir hasta esa temperatura. Además en este proceso, la agricultura y la minería se hermanan, por lo menos durante las 10 horas que demora en llegar hasta su punto de ebullición.
Después de eso se obtiene pisco puro, pues se separa el alcohol que hierve.

ENVEJECIMIENTO
La cuarta fase productiva del vino se da con las cavas o barriles, los que permiten que el licor envejezca y adquiera ese olor y sabor a madera. Pero dependerá de qué tipo de madera sea, pues no da lo mismo. Angélica me repite una y otra vez que hay dos tipos: Raulí y roble americano. Y vaya que tienen diferencias.
En esta etapa de guarda, Capel espera para sus piscos puros cerca de 4 meses antes de pasarlos al siguiente paso, mientras que Artesanos del Cochiguaz, empresa asociada, lo hace en seis. La razón es que este último tiene un mayor grado de elaboración, lo que permite que su valor en el mercado sea un poco más alto.
Es así como Capel prefiere para sus productos sabores más duros, menos aromáticos y ostensiblemente más blancos. Por lo que su inclinación es por el raulí, a diferencia de otros licores más oscuros que necesitan del roble americano.
A esa altura ese olor ya había impregnado mi espíritu, era el auténtico olor del valle del Elqui y yo era parte de él.

EL ÚLTIMO PASO
Después de pasearme por cada una de los grandes salones, no pasa desapercibida la importancia de dar consistencia a un estilo de vida, en este caso de producción y turismo. Cada centímetro de piso, de muralla y de escala es de madera. ¿Y adivinen de dónde la obtienen? Exacto, de las barricas que ya cumplieron con su vida útil. Este reservorio del pisco ha logrado trastocar mi visión de industria donde abundaba el fierro, el acero y el plástico.
Llegar al área de embotellado, la última fase de elaboración, es la conjunción de la modernidad con un estilo único de trabajo. De aquellos pisqueros artesanales que depositaban el líquido en cada botellita de menos de 300 cc. Hoy son más de 18 mil cajas de Capel que salen al día y 5 mil de Artesanos del Cochiguaz.
Si bien el recorrido de una hora terminó, falta conocer cómo se formó la cooperativa. Para ello, el museo es el lugar ideal. Pero atentos. Antes de bajar respiren muy bien porque en el lugar el olor a alcohol impregna la nariz, recomienda Angélica.
Antes de entrar, el salón de eventos alberga diez pinturas que serán parte de una exhibición que comenzará el 17 de febrero. “Será una muestra que durará hasta el 9 de diciembre”, comenta Sonia Alfaro, supervisora del parque.
Ella misma reconoce que los $200 millones que a empresa invirtió en remodelar el lugar, ampliar los servicios sanitarios e instalar una cafetería, han permitido que 500 personas al día lleguen en enero y 600 cada 24 horas en febrero. “Ha sido todo un éxito la recepción de la gente, hemos tenido un peak de 749 visitas (…) Les gusta impregnarse de esta historia”, dice.
Historia que comienzo a conocer en un lugar lúgubre, pero que con las luces me devuelven a las estancias y bares parisinos de fines del 1800, donde una copa de vino representaba el mejor de los acompañamientos en aquellas madrugadas de acordeón y luna llena.
Resulta conmovedor darse cuenta que el modelo artesanal sentó las bases de lo que hoy es nuestro licor nacional. El embotellado se hacía manual y con surte lograban hacer dos. Distinta tarea era el compresor que sacaba el aire. Para qué decir del etiquetado.
El descender al museo permite que aquellos sueños, esfuerzos y largas jornadas lleguen como el mejor de los obsequios.Salgo revitalizado porque retrocedí en el tiempo. Aquel cerro inmenso que veía en la televisión, ahora me parece diminuto, el verdor no logra ser tan fuerte como el que tengo frente a mis ojos o aquellas parras no tiene ese color rosado tratando de ganarle espacio a la madera. No, porque es otro mundo y lo pude percibir. Creo que el comercial sólo quedó como un lindo recuerdo, pues debo estar satisfecho porque, al fin, conocí el auténtico valle de Elqui.

jueves, 5 de febrero de 2009

La resurrección de los canelos de El Bato


Fue una de las polémicas que se perpetuó en los corazones de los illapelinos. Y es que trastoca sus conciencias, especialmente porque el remedio causó una contraindicación que aún pena en los ambientalistas y audaces visitantes que se internaban en el bosque de canelos de El Bato. Sí, el mismo que lleva el nombre del embalse que dará seguridad a más de mil pequeños agricultores y sustento de riego a 4.130 hectáreas.
No obstante, hace unos días, la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) selló un convenio con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) para relocalizar el otrora frondoso boscaje que tenía 20 hectáreas de superficie y donde su condición de relicto, es decir, que mantiene la genética de miles de año, lo hacían un tesoro invaluable para la humanidad.
Sin embargo, esta historia tiene su génesis el 22 de noviembre de 1999 cuando el Ministerio de Obras Públicas (MOP) ingresó un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para materializar un centro de almacenaje de 25,5 millones de m3 que permitiría dar una lucha más enconada contra la desertificación en la capital del Choapa.
Tomando en cuenta la localización estratégica del bosque, a los pies del río Illapel, su permanencia era impedimento para el emplazamiento de losas, cortinas y murallas impermeabilizadoras que darían forma al tranque. Por ello, dentro del EIA que debió realizar el MOP se contemplaron medidas de mitigación donde uno de los acuerdos más relevantes tuvo que ver con reposicionar estas especies.
Pero la situación no fue fácil, pues el rechazo no tardó en llegar. Fue la Coordinadora Ambiental de la Región de Coquimbo y el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), quienes se opusieron tenazmente a perder este paraíso verde de nombre científico Drimys winteri.
Para ello, adujeron irregularidades en el proceso de presentación de los antecedentes, pues dentro de él no sólo se contemplaba la pérdida del ecosistema, sino que también se hacían restrictivos los beneficios de uso de agua, puesto que con la posterior concesión del embalse, el vital elemento podría triplicar su precio actual, haciendo prohibitiva su utilización. A la organización ambientalista se le sumó el SAG, CONAF y la propia dirección regional de la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama).
Para hacer más valedera la posición, OLCA decidió recurrir a la Corte de Apelaciones de La Serena para interponer un recurso de protección que fue acogido a trámite en primera instancia, no obstante, fue rechazado posteriormente. Después de ello, los reclamos fueron a dar hasta la misma Conama nacional.
En todo caso, cada vez que fueron consultados sobre su posición, los ambientalistas jamás dijeron estar en contra del proyecto de tranque, sino que sólo advertían que el cuidado del entorno y especialmente de este centro genético natural era de vital relevancia, pues no sólo había milenarios canelos, sino que lo acompañaban otras especies relictas como arrayanes, chiquenes, lumas, guayacanes y algarrobos.
Fue así como el 30 de octubre del 2000 y tras casi un año de tratativas, la Comisión Regional de Medio Ambiente (COREMA) decide aprobar el proyecto que en ese instante superaba los US$35 millones (hoy ya está en US$50 millones).

EL TRASLADO SE HACE SÍ O SÍ
La actual seremi de Obras Públicas de la Región de Atacama y ex directora regional de la DOH durante 16 años, Mirtha Meléndez, recuerda la animadversión que había contra la iniciativa, toda vez que la sensibilidad por los canelos era evidente, pues los illapelinos lo consideraban un lugar de esparcimiento, encuentro y característico de la comuna.
“Si nos remontamos antes del 2000, este proyecto fue polémico porque el embalse inundaba el bosque El Bato. Por ello debimos esforzarnos aún más para presentar medidas de mitigación, compensaciones y reparaciones”, recuerda la profesional.
Por ello, una de las primeras acciones fue contactarse con un organismo técnico como CONAF, que además de su pertinencia en el área, había planteado reparos al EIA presentado por el MOP a la Corema. Fueron los profesionales de la repartición quienes recomendaron los primeros acercamientos con el centro regional Intihuasi del INIA, de manera de buscar la preservación del árbol. Se daban así los primeros pasos para la sobrevivencia de los relictos.
La coordinación de la comisión ejecutora del traslado sería el botánico del INIA, Pedro León, quien hoy en día y tras nueve años de investigación, se muestra satisfecho por mantener vigente a una especie que contiene en su genética miles de años de historia.
“Es relevante rescatar las poblaciones de canelos porque dentro del rango de distribución, son las que se ubican más al norte de Chile. Por ende, es vital salvaguardar esta diversidad genética que no está más allá de nuestras fronteras”, precisa.
Actualmente el INIA ha rescatado cerca de 3 mil semillas de canelos que se encuentran en su centro de germoplasma que permitirá “perpetuar su existencia”. Carlos Quiroz, director regional del INIA, asegura que se guarda un tesoro. “Estos canelos son únicos, son relicto de lo que hubo hace miles de años y que soportaron cambios en sus condiciones de humedad y temperatura (…) Esto permite que persistan en el tiempo y, quizás en 20 años más nuevas generaciones puedan forestar otros lugares con estas semillas”, dice confiado.
Pero no fue hasta el viernes 30 de enero cuando el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Agricultura, a través de la Dirección de Obras Hidráulicas y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias respectivamente, sellaron el acuerdo que permite dar un nuevo respiro a los canelos.
“Como Estado estamos dando señal que cumplimos con las medidas que se nos solicitó, además que este convenio permite la conservación de especies valiosísimas”, señaló Mirtha Meléndez.
Por su parte Carlos Quiroz no quiso ser menos y aprovechó de enfatizar que las especies se mantendrán vivas. “Sacaremos las estructuras reproductivas para llevarlas a viverizar para que se mantengan vivas y se desarrollen. Después, se trasladan hasta donde quedarán de manera definitiva para así mantener las condiciones ecológicas que tenían en un principio”, indica.

HUINTIL VUELVE AL RUEDO
Si bien la intención de OLCA y de algunos organismos asociados era interponer un recurso de apelación a la Corte Suprema, nada cambió el veredicto de la Corema, dando luz verde a una obra que no estuvo exenta de polémicas (ver recuadro).
Y es que desde la presentación a la comunidad y al Sistema de Impacto Ambiental del tranque de Illapel, hoy El Bato, los entes sociales propusieron su emplazamiento en el sector de Huintil, ubicado unos kilómetros más abajo de la actual cortina. Esto porque si bien contaba con algunas hectáreas de canelos, éstas eran ínfimas comparados las existentes aguas arriba. Eso sí, el MOP rechazó tajantemente esa alternativa, ya que implicaría un mayor desembolso, en primera instancia, para la cartera, y posteriormente para los concesionarios.
Por ende, la mitigación focalizada en la restauración del bosque relicto en otro sitio fue la única salida para dar comienzo a las obras.
Nueve años después y habiéndose firmado el convenio entre la DOH y el INIA la comisión ejecutora de la reposición del bosque, determinó que Huintil, era el mejor sitio para comenzar con la forestación. “Efectivamente el sector elegido es el de Huintil que queda un poco más abajo donde quedará la cortina. El lugar tiene una cuenca de agua subsuperficial, por lo que es un sitio ideal para la restauración”, sentencia Carlos Quiroz.
Pero la restauración no sólo trae aparejado la plantación de canelos, sino que también de aquellas especies que acompañaron por siglos a estos árboles. “Si bien el convenio con la DOH se enmarca sólo en el canelo, hay otras especies que debemos analizar su abundancia y potencial genética. Creemos que una de ellas será el arrayán”, confirma Pedro León.
Lo cierto es que este esfuerzo, nuevamente levantará un espacio verde abierto para los illapelinos, de manera de revivir aquellos pasajes que fueron testigos privilegiados de la historia de este comuna que, tras la finalización de las obras de El Bato, pasará a estar cientos de metros bajo agua, aunque su imponente figura e imagen frondosa quedará de manera imborrable en los recuerdos de quienes lo conocieron.

QUIEBRAS Y RETRASOS
La materialización del tranque El Bato no ha sido fácil. Al rechazo por la inundación de las 20 hectáreas que albergaban el bosque de canelos, se sumó una serie de retrasos en el inicio de las obras, lo que supuso una maldición. La empresa que se adjudicó la licitación fue Mendes Junior, la que a poco andar, tuvo que declararse en quiebra, lo que retrasó en varios meses la construcción, debiendo llamar nuevamente a un proceso licitatorio. Pero eso no era todo, porque después de ese impasse tributario no se supo definir bajo qué normativa se regiría el embalse, si la antigua 1.123 o la moderna ley de concesiones. Fue el propio Presidente Ricardo Lagos quien tuvo que dirimir el asunto imponiendo la ley 1.123 como la ganadora. Después de tanta problemática administrativa fue el 15 de julio de 2007 cuando el consorcio Besalco y Ferrovial Agroman comenzó a remover el terreno de este centro de almacenaje hídrico que lleva más del 70% de avance y espera ser inaugurado en diciembre por la Presidenta Michelle Bachelet.

domingo, 1 de febrero de 2009

El aterrizaje del Limarí en el retail


El sello del valle de Elqui a nivel nacional y extranjero es su preeminencia pisquera de siglos, el ambiente místico de sus cerros, su cercanía con las estrellas, sus cielos limpios, su marcado turismo de temporada y su clima. Asimismo, destacan sus obras de riego, su cercanía con La Serena y su gastronomía, generalmente relacionado con los derivados de la leche y carne de cabra. Pero qué tal si le contáramos que en materia de cantidad hay una zona mucho más abundante y que sostiene la producción a nivel regional.
Lejos de querer entrar en una confrontación, pero sí haciendo honor a la verdad y al conocimiento de muchos, el valle de Limarí hace rato que se vistió con pantalones largos y sigilosamente comienza a tomar fuerza de la mano de uno de los nodos territoriales más importantes del país: Limarí Emprende. Y es que algo está pasando detrás de la frontera natural de Las Cardas.
Basta sólo recurrir a los números para darse cuenta que la potencia del Limarí está fuertemente relacionada con el turismo, la gastronomía y los servicios. Si bien la Cooperativa Agrícola Pisquera de Elqui (Capel) tiene su centro de operaciones en Vicuña, sus predios de uva sólo representan el 30% del total de fruta procesada, mientras que el Choapa, se le acerca al 20%. Imagínese usted quién lidera este ítem. Sí, adivinó, Limarí ostenta el 50% de la producción.
En el caso de la cabra, la supremacía también es evidente. Elqui sólo posee 87 mil cabezas, Choapa 114 mil y Limarí, como no, lejos con 203 mil. O sea, más de la mitad de las 404 mil que a nivel regional se contabilizan y que representan el 57% en Chile.
Por ello no es casual que dentro de los márgenes de atracción, hayan sido los propios empresarios del retail, específicamente el grupo Rendic que controla Supermercados Deca y que hoy operan aliados a Álvaro Saieh (Unimarc), Enrique Bravo (Bryc) y la familia Korlaet (Korlaet), quienes implementaron el modelo de distribución masiva de los encantos culinarios de la provincia.

PATÉS Y HAMBURGUESAS
Hace unos años, la carne de avestruz dejó de ser un alimento desconocido tras la llegada a la zona de la Sociedad Agrícolas Las Cañas, que actualmente opera en Punitaqui, ya que la empresa logró insertarla dentro de la dieta de muchos consumidores. Fue así como tomaron el relevo de anteriores apuestas que no fructificaron, aunque la idea esta vez era asignarle un valor distinto.
“Quisimos darle valor agregado y vender un producto final de calidad. Con esto hemos podido posicionarnos en el mercado una apuesta sana, novedosa y que cumple con los más altos estándares de calidad”, señala Luis Alfonso Sánchez, gerente de la compañía.
Pero evidentemente que la posibilidad de producir 10 toneladas anuales los ha llevado a pensar en traspasar las fronteras regionales. Unimarc – Deca avizoró que las terminaciones del producto les reportarían muy buenas ventas.
Dentro de la gama de variedades que posee Las Cañas para la avestruz, se cuenta un paté que se expende a $2 mil, hamburguesas que con tan sólo $500 de costo las hacen muy competitivas y carpachos laminados a $3.500 el sachet. “Tiene el mismo precio que el vacuno que es punta de ganso, pero éste es filete exótico”, especifica el ejecutivo.
Hoy en día, son 170 las salas supermercadistas en diez regiones de Chile que poseen en sus vitrinas alguna de estas variedades. “El 95% de los consumidores cree que la carne es blanca, por lo que gracias a las cadenas de retail hemos ido posicionándonos”, enfatiza Sánchez.
Dentro de los próximos días, habrá una nueva degustación de la carne de avestruz, que entre sus cualidades presenta un 98% menos de grasa que las otras carnes, ya que Las Cañas lanzará al mercado un salame. “Ha pasado todas las pruebas de calidad y su valor será de $2.900 por los 250 gramos”, reconoce el empresario.

LAS BOLSITAS DE DON AMABLE
Siempre quiso ser criancero, aunque nunca se dedicó por completo a esta esforzada actividad. Mientas sus familiares y conocidos recorrían los parajes cordilleranos durante la temporada estival, él trataba de vender uno que otro producto en la feria. Fue precisamente ese contacto con la gente el que le dio la gran oportunidad de su vida: Dedicarse a vender productos típicos. Y qué mejor que el charqui, pero de cabra.
Amable Castillo reconoce que al principio le costó decidirse y dio sus primeros pasos en la carne de avestruz, pero no le resultó como preveía. “Traté de insertarme en el mercado de la avestruz, pero después me di cuenta de los potenciales que tenía la carne de cabra. Y hoy está resultando”, comenta.
Y claro que le ha ido bien, si de pasar de vender un par de bolsitas, hoy goza de un reconocido respaldo en la elaboración de 300 kilos cada 365 días. Con esa “espalda” no pasó mucho tiempo para que los supermercados se pelearan su producto.
Actualmente abastece con más de 200 saquitos de 50 gramos a la semana a Deca. “Una de las características que tiene al verlas en el supermercado es que la gente no puede elegir, ya que son todas iguales”, dice orgulloso don Amable.
Esta base de venta le ha permitido proyectarse para este 2009, pues ni siquiera los anuncios de turbulencias financieras asustan a este hombre. Tal como muchos de los asociados a Limarí Emprende, hoy Valle de Limarí, la crisis está lejos de tocar sus puertas. “Quiero comprar más cabras para llegar a enviar a los supermercados 3 mil a 4 mil envases de charqui de cabra. Espero concretar este anhelo en junio”, precisa.
Añade que “no le voy a decir de dónde voy a sacar la plata, pues si usted tiene plata puede ser parte del negocio como socio”, nos emplaza con su tradicional humor.

ESPERANDO EL GRAN PASO
Dentro de la oferta gastronómica y de emprendimiento de Valle de Limarí, hay muchos que están a la espera de poder ser parte de las más importantes cadenas, de manera de poder llegar a los más lejanos territorios de nuestro país. Eso sí, ello no ha impedido que promuevan sus propias redes con hoteles y empresas locales.
Uno de los casos más emblemáticos es el de Margarita Yáñez, quien hace sólo dos meses comenzó con la preparación de alfajores en base a manjar de leche de cabra. “Ha sido todo un éxito la recepción del público, ya que les ha gustado bastante”, explica, aunque de todas maneras aclara que se vende más el tradicional, es decir, de leche de vaca, pues es $100 más barato. “Tengo el normal a $200 y el de leche de cabra a $300. Pruébelo, son muy ricos”, nos ofrece.
Sus centros de distribución son dos lugares de hospedaje, el hotel Limarí y el hotel Altos de Tuquí, ambos en Ovalle. En todo caso, doña Margarita ya está haciendo los trámites para venderlos en vitrinas de vidrio y ante la mirada de miles de usuarios que cada día llegan hasta algún retailer. “Estamos esperando la autorización sanitaria para entrar a algún supermercado, así es que nos falta poquito”, indica.
Esos mismos sueños tiene María Cristina Aguirre, quien no esconde su talento culinario y ha explorado en una serie de nuevas técnicas de mezcla de sabores y texturas en sus mermeladas. Son 23 las variedades exóticas con las que ha deleitado en innumerables ferias interprovinciales y regionales.
“Tengo de chirimoya, plátano y arándano, donde el frasco de 450 gramos lo vendo a $1.500 y el de kilo a $3.500”, manifiesta. Aunque deja de inmediato en claro que su favorita es la de zanahoria, que corresponde al secreto mejor guardado de su abuelita. “Se sazona con frutos y coco rayado”, comenta antes de detenerse y advertirnos que el resto de la recete es secreta.
En 2007, esta emprendedora vivió uno de sus momentos más crudos, pues con las heladas de mediados de ese año, se quemaron grandes plantaciones de chirimoyos, lo que disminuyó su materia prima. A pesar de aquella amarga experiencia, se emociona al contar que las mermeladas le han cambiado la vida.
Pero la vida parece sonreírle. “En el 2010 contaré con una ayudita muy importante, pues agrandaré mi microempresa de 2 a 5 personas. La idea es llegar a algún supermercado”, añade.
Las historias de Margarita Yáñez y de María Cristina Aguirre, tienen espacios muy parecidos a los de Benilda Henott, quien cuando empezó con la venta de frutos secos, sólo los ofrecía en su casa de Ovalle. Hoy en día, Deca ya le abrió espacio dentro de su oferta diaria. “La gente ve de otra forma a los frutos secos, pues los mismos médicos han dicho que son muy buenos para controlar los problemas cardiacos. Tienen mucha fibra, por ejemplo el higo posee gran cantidad de calcio al igual que la almendra igual”, sostiene Benilda.
Así como hombres y mujeres han sabido romper la barrera del tiempo y la distancia para deleitar a miles de personas que cada vez que disfrutan de algún producto sienten la calidad y el sabor de una etiqueta que luce con orgullo la procedencia del Valle de Limarí.

viernes, 9 de enero de 2009

Sybilla Bozzolo y La Gallardina: La sagrada familia


La extraña magia de las flores capta hasta los más furtivos amores que se entrelazan entre rozas, claveles y margaritas. Y es que ese efecto es capaz de conquistar corazones y emociones y recordarnos que nuestros mejores sueños están, por lo general, marcados por verdes praderas, frondosos bosques y fuertes amarres florales en medio de sonoras vertientes de agua.
Es precisamente esa sensación, con una historia de amor incluida, la que nos presenta el parque ecológico La Gallardina que se ubica a 60 kilómetros de Monte Patria, específicamente en el pueblo de Carén. Y donde sus protagonistas han impuesto una relación más allá de una simple organización terrenal.
Sybilla Bozzolo junto a su esposo Armando Salas Gallardo han forjado uno de los íconos silvestres de la región, pues no sólo recuperaron la quinta parte de un fundo de 35 hectáreas que anteriormente perteneció a sus antepasados, sino que lograron poner a Carén dentro del mapa turístico de la región.
Y lo hicieron de la manera que sentían sus corazones, ya que las flores y las distintas variedades de árboles siempre fueron un atractivo que desarrollaron con el transcurrir de los años. “Mi marido lo formó porque es fanático de las plantas y un día me dijo voy a hacer un jardincito”, recuerda Bozzolo, quien forma parte de los 21 empresarios cooperados bajo el alero de Limarí Emprende.
Sin embargo, Sybilla se apresura a contarnos que el “jardincito” fue creciendo u actualmente alcanza las siete hectáreas con importantes flujos de visitantes todos los años. “Una de las cualidades que ha impulsado es la tranquilidad, la paz y el contacto con la naturaleza, poniendo especial atención en los ruidos y los colores”, asegura esta hija de inmigrantes italianos.
Por esta razón es que la sonrisa abunda en los labios de Sybilla quien en todo momento parece seguir maravillada con las miles de especies que conoce como la palma de su mano. Y dentro de sus tesoritos se encuentran ceibos, buganvilias, ombús, palmeras y también variedades de jazmines y rosas.
Si bien durante estos años ha ampliado la cobertura de riego y los servicios de su reserva ecológica, esta microempresaria no está convencida de poder ampliar la extensión de su reserva. “Por el momento estamos bien, pues apenas podemos con todo el trabajo que requiere y que es mucho. Si quieres mantener este jardín como fue concebido hay que cultivar y mantener bien las especies” nos dice.

SOBREVIVIENDO ANTE LA DESERTIFICACIÓN
La provincia de Limarí se caracteriza por una particular relación con el recurso hídrico, pues si bien en ella está emplazado el segundo mayor sistema de embalse de agua de Sudamérica, La Paloma, que tiene una capacidad de 700 millones de litros, hay muchas zonas que no cuentan con este abastecimiento y deben lidiar con temporadas especialmente drásticas en materia de riego.
Carén no es la excepción y por su condición interior ha sufrido más de la cuenta. Pero el toque mágico que Sybilla y Armando han entregado a la comunidad durante todos estos años parece haberse gratificado por una especial cobertura del agua. Esto porque el emplazamiento de La Gallardina se hizo en un sector de vegas donde hay muchas napas subterráneas. “Eso sí, de todas maneras hubo que hacer drenes y canalizar agua para dar forma a este jardín”, afirma.
Geográficamente también se ha visto reconfortado por tener como afluente al río Grande. “De otra manera esto no se podría haber realizado jamás”, asegura.
Actualmente el parque posee 900 tipos de rosas, parquinsonias, jazmines de Jujuy, 24 clases de achiras, 12 buganvilias y árboles como maitenes, pimientos, espinos, romerillos y algarrobos. Todo esto se puede visitar por un costo de $1.500 los adultos y $1.000 niños de 7 a 12 años. Para más información visite
www.parquelagallardina.cl.

AMPLIACIÓN DE SERVICIOS
Pero la diversificación es parte importante de los objetivos que se han impuesto en La Gallardina, ya que además de los tour que suelen durar casi dos horas , se cuenta una serie de servicios anexos como la recepción bilingüe, sala de estar, cafetería, restaurant, sala de eventos, espacios de recreación, juegos infantiles y piscinas.
Y los precios en este ámbito no dejan de ser módicos, porque un alojamiento con desayuno para dos personas cuesta $15 mil cada uno. En tanto, los almuerzos y las onces varían entre los $4 mil y los $3 mil, respectivamente, pudiendo después disfrutar de un refrescante chapuzón en una piscina por $3.500 los adultos y $2.500 los niños de 7 a 12 años.
“Acá se hacen eventos matrimonios y bautizos, ya que la gente considera este espacio como especial”, sentencia Sybilla.
Sin embargo, no hay mejor atracción que los que se crean de manera natural. Es así como en uno de los extremos de La Gallardina se forma una represa que ha sido inmortalizada por cientos de miles de flashes. Sólo la subida del río es capaz de privar a los visitantes de un escenario maravilloso.

BREBAJE PREMIADO
Desde el punto de vista gastronómico, Sybilla Bozzolo también dicta cátedra o sino pregúntenle al jurado de un concurso de brebajes que organizó la empresa sanitaria Aguas del Valle y donde el jarabe de rosa se llevó todos los aplausos. “El secreto es incluir una rosa perfumada que contenga toronjil”, evidencia esta emprendedora, quien deleita a cada comensal cuando las temperaturas sobrepasan los 30º Celsius.
Y es que todo lo que ha emprendido, lo ha logrado en base a esfuerzo, dedicación y mucho profesionalismo, siendo gran culpable de estas cualidades la sangre italiana que corre por sus venas.
Si bien nació en Curicó, la historia de su familia tiene dos puntos equidistantes en la península itálica, ya que su padre proviene de Génova y su madre de Como, ambas ciudades fuertemente influenciadas por el tema floral, pues anualmente se realizan ferias internacionales como la Euroflora.Hoy en día, cuando nos vemos sobrepasados por toneladas de cemento, edificios que nos muestran que el cielo está cada vez más cerca y una agresiva deforestación que da paso a proyectos productivos, una buena terapia es darse una vuelta por La Gallardina, para soñar entre jardines de meditación y canelos, tal como lo hizo Sybilla y Armando alguna vez.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Isabel Margarita Coll: La bancaria que conquistó el corazón de Limarí


Hay que ser sinceros, llegar hasta el Parador Curantú no es fácil. De partida hay que asomarse a cada callejuela que intersecta la avenida principal que da hacia Pedregal de Rapel, un pueblito perteneciente a la comuna de Monte Patria. Pero para que se hagan una idea, después del puente Río Tomes y tras apreciar una pirca rosada, se encuentra la calle Los Nísperos. Hay que subir un estrecho camino de tierra que gracias a las sombras de unos árboles refresca nuestro atareado recorrido, que a esa altura resulta sofocante por el intenso calor.
Después de un par de vueltas, se halla uno de los sitios revolucionarios en materia de turismo rural, pues presenta una alternativa nueva y novedosa que sólo se entiende por el carácter familiar que se crea entre residentes y visitantes.
Es así como a nuestro arribo a quien primero vemos es a Isabel Margarita Coll Gaete, quien como si fuera nuestra madre, tía o abuela, nos recibe con un afectuoso abrazo que hace, paradójicamente, más cálido el ambiente. “No se preocupen que los perros no son bravos”, nos dice, mientras vemos a tres canes de raza Kuvasz, más conocidos como pastores húngaros. Parados miden sobre 1,70 metros por lo que intimidan, aunque sus cariñosas lenguas que traspasan el protocolo inicial, los hacen especiales, al igual que esta hacienda.
Y es que Curantú tiene su historia. De partida el nombre está muy ligado a la cultura mapuche pues significa preparación en muchas piedras. Y es precisamente ese objetivo, porque el tiempo en el parador se detiene y nos devuelve a fines del siglo XIX, época donde hicieron su llegada familias españolas que dieron vida a lo que hoy es el valle más pujante en materia agrícola. Pero aún no es tiempo de introducirse en la historia de esos forjadores, ya que Isabel Margarita nos presenta a Lupe Cortés, su mano derecha para mantener este predio de dos hectáreas donde se aprecia una piscina que invita a sumergirse y una hamaca que recuerda que las horas y los días pueden pasar sin que nos demos cuenta.
Es hora de almuerzo y como aperitivo nos sirven un jugo de ciruelas recién hecho. Pero lo mejor estaba por venir, pues el almuerzo está casi listo. “Siéntense donde quieran”, nos invita Isabel Margarita o la Chabe como le gusta que le digan. Y para deleite nuestro, y tal como muchos de los Coll, Juliá. Bou y Prohens agasajaron hace siglos a sus comensales, la paella fue la carta de presentación de la gastronomía de Curantú.

DE LOS NÚMEROS A LA TIERRA
Dentro de un relato y una narración debe haber una historia interesante y parte de ella la comenzamos a conocer en la mesa donde degustando una cebolla en escabeche y un ají propio de la casa, sabemos algo de los pasajes que llevaron a Isabel Margarita a dejar de lado su vida en la ciudad y a poco andar, incorporarse al directorio del programa Limarí Emprende.
Con esta emprendedora podríamos haber estado conversando toda la tarde, porque sus narraciones dan cuenta de espacios temporales que unen a tres generaciones. De hecho, cuando era pequeña vivió durante toda su infancia en un predio que su familia paterna Coll Juliá, tenían en Pan de Azúcar. “Allí conocí y me impregné de lo que significaba el campo y me enamoré”, recuerda con nostalgia.
No obstante su amor por los animales y los cultivos, que perduran desde siempre, terminando el colegio sobrevino la repentina muerte de su padre, situación que, al igual que sus dos hermanos Alfonso y Gaspar, debieron cambiar sus proyectos de vida, lo que los obligó comenzar a trabajar para mantener a la familia conformada por su madre viuda sus dos hermanos y tres hermanas bastante menores, Maria Angélica, Beatriz y Gabriela.
Fue así como llegó hasta el Banco Central donde se especializó en los créditos de la Asociación Interamericana de Integración (ALADI) donde interactuó con reconocidos economistas nacionales como Enrique y Jorge Marshall, Roberto Zahler y tantos otros. “Si bien no terminé la carrera me mantuve durante 36 años”, asegura Chabelita, quien tiene una memoria única, ya que corrobora su ingreso al organismo en octubre de 1963.
Pero algo le faltaba en su vida, pues en su interior sabía que debía dar otro paso, uno más trascendental y simple.

LA VOLTERETA DE LA REFORMA AGRARIA
Con la llegada del nuevo milenio, las energías se renovaron y se redoblaron los esfuerzos para dar ese giro trascendental. Esto porque en 1999 Isabel Margarita renuncia al Banco Central y se empeña en volver a la Región de Coquimbo, pero no al antiguo predio de Pan de Azúcar, sino que a Monte Patria, donde uno de sus tíos tuvo un terreno que fue entregado a los campesinos con la promulgación de la Reforma Agraria. Si bien aún no sabe qué la motivó a internarse en el corazón de la provincia de Limarí, acuñaba en su corazón la intención de radicarse en la zona.
Fue así como un día se presentó ante “Chilín”, hijo de un ex trabajador del campo, quien desencajó a Chabelita con sus palabras: “Estaba esperando a una persona como usted para venderle el terreno”. Dicho y hecho.
Tras los trámites legales, Isabel Margarita comenzaba a “colonizar” estas tierras tal como lo hicieron sus antepasados hace dos siglos.
Y es que si se trata de historia, la sangre mallorquina que corre por sus venas está lejos de esfumarse. Tal como a fines del siglo XIX cuando Gabriel Coll Dalmau pisó las tierras regionales tras ser contactado por un sacerdote que le encomendó reconstruir la línea férrea que unía a Combarbalá con Illapel, la Chabe quiso reconstruir una línea turística nueva.
“Quise encontrarme con la paz y con mis sueños, aquellos que acuño en mi interior, para así reconciliarme con la naturaleza y sentirme parte de ella”, escribió en la página web que da vida a ese punto turístico (
www.curantu.cl).
Pero en esta narración no hay que olvidar que para formar una familia se necesitan dos. Es por ello que el joven Gabriel Coll Dalmau tuvo a su fiel compañera encarnada en Isabel Juliá Gomila, quien llegó producto que los cultivos de vides en Mallorca fueron atacados por la filoxera. “El mismo cura que trajo a mi abuelo le dijo que el clima en la zona era similar al de Mallorca, así es que se vinieron”, cuenta.
De esa unión nace el padre de Isabel Margarita, Alfonso, quien posteriormente se casa con María Angélica, quienes agrandan la familia con el nacimiento de seis hijos: Manuel Alfonso, Isabel Margarita, Gaspar Domingo, María Angélica, Beatriz y Gabriela Antonieta.

LOS ANHELOS DEL CROCHET

Durante estos ocho años que lleva promocionando el turismo rural del parador Curantú, Chabelita no ha olvidado a aquellas mujeres que cuando llega la temporada de cosecha de vides les toca estar extensas jornadas bajo el sol para generar un ingreso extra. Fue así como formó un taller junto a 10 de esas temporeras con las que teje a crochet y ha dado a vida a mantas que ya han concitado la atención del extranjero. Prueba de ello es que han exportado unas cuantas a Canadá a través de Tratados de Comercio Justo, acuerdo que ayuda a generar buenos precios a aquellos microempresarios que recién comienzan en la gestación de negocios.
Sin pecar de soberbia y mientras mira los entrelazados de las mantas, abre su corazón a las expectativas futuras: “Ojalá que pudiéramos ampliar la oferta y convertirla en un canal constante de comercialización que permita a estas mujeres dejar de ser temporeras”, reflexiona.
Siguiendo con su visión ambientalmente amigable con el entorno es que junto a 21 microempresarios del Limarí, aglutinados en una cooperativa que nació bajo el paraguas de Limarí Emprende con fondos aportados por Sercotec, desean implementar para sus respectivas empresas paneles solares que disminuirán en más de un 50% sus cuentas de luz.
Al pasar las horas el sol comienza a descender en intensidad, lo que es una prueba irrefutable que es hora de partir. Atrás quedarán los cientos de pollitos, conejos y aves que conocimos en Curantú. Para qué decir de los enormes perros de Chabelita o de las ciruelas y damascos que nos refrescaron cuando la sombra era escasa.
Mientras nos despedimos, Isabel agita sus brazos y nos dice que volvamos cuando queramos. Más allá de palabras de cortesía es un gesto de una persona satisfecha que creyó en sus sueños y anhelos. Y que, mejor aún, los hizo realidad.

SUS DESAVENENCIAS CON EL PARQUE
Uno de los capítulos que incomodan a Isabel Margarita es el uso que se le ha dado al parque que su padre junto a sus tíos Anita, Fernando, Gabriel y su abuelo Gabriel Coll Dalmau, donaron a la municipalidad de La Serena. De a acuerdo a su perspectiva, actualmente no se estaría respetando la intención que estos hijos de mallorquines tuvieron como objetivo inicial. “La donación se hizo con dos propósitos: honrar la memoria de mi abuelo Gabriel Coll Dalmau y entregar las casi 51 hectáreas para bosque y parque de manera que pudiera ser visitado gratuitamente por los habitantes y pobladores de La Serena y la región. Nada de eso se ha cumplido”, reitera con una posición rígida que ha conocido de cerca el alcalde Raúl Saldívar y funcionarios de la Intendencia, con quienes se ha reunido.
“Quiero llegar hasta las últimas instancias para que se cumpla el objetivo por el que fue entregado a la ciudad de La Serena”, corrobora Chabelita. “Mi único objetivo es que se instaure un espacio donde todos puedan disfrutar de sus rincones”, finaliza.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Los secretos que aún esconde Barraza


Nadie nos espera, no hay vendedores ambulantes ni menos grandes centros comerciales. Y es que llegar hasta la localidad de Barraza, ubicada en Ovalle, es como retornar a los inicios de la Conquista donde los españoles eran apoyados por los criollos en su lucha por relegar hacia el sur a los fieros indígenas. Los recuerdos se dejan sentir en cada una de las piedras que por siglos han permanecido sigilosas ante el paso de caballos, carretas, bicicletas y ahora último, vehículos.
Los ventarrones poco a poco se encierran en un casco histórico que no es más que la suma de tierrosas callecitas que albergan una que otra cortina desteñida por los efectos de un sol inclemente que obliga a refugiarse en las casas de adobe que aún se mantienen en pie. Y por qué no en aquellas que han sido remodeladas, pero que se mimetizan con los colores barrosos del siglo XVII. Pero no hay que subestimar a la cultura que por más de cinco siglos acompaña el andar de los barracinos.
Tal como un día lo pensó Antonio Barraza Crespo cuando llegó a este inhóspito territorio a inicios del 1600, la localidad necesitaba la ayuda de todos para mantenerse en pie. Esto, porque la principal amenaza era el actual emplazamiento del río Limarí, que hizo de las suyas en incontables ocasiones al desbordarse y llevarse consigo estructuras completas.
Por ello, este comendador -que tenía fuertes lazos con la corona española- levantó junto a sus hombres una iglesia para que los poderes divinos le ayudaran a combatir los efectos de la naturaleza. La llamó Parroquia de la Villa San Antonio del Mar y a Purísima Concepción, pensando que la conjunción de nombres erigiría una rígida fortaleza capaz de ganarle al agresivo afluente.
Las faenas de construcción se iniciaron en 1630, fundándola en 1631 y sólo terminándola en 1660. Las misas se hacían con agrado y las poco más de 200 personas que residían hacían rutinarias las jornadas dominicales de peregrinación hacia el templo. Eso sí, la naturaleza les tenía guardada una no muy grata sorpresa, ya que en 1690 el desborde del Limarí dejó al pueblo sin su más preciado tesoro: Su iglesia.
Pero con el tesón español que lo acompañó hasta el último de sus días, el obcecado Barraza Crespo la reedificó en 1691 para finalizarla en 1712. El círculo de la vida a veces guarda amargos pasajes como cuando el reconocido arquitecto italiano Joaquín Toesca tuvo que hacerse cargo de la tercera reconstrucción tras una nueva irrupción ribereña.

ENTRE TESOROS Y SANTOS
El año pasado se celebraron 30 años desde que la Iglesia de Barraza fue denominada patrimonio nacional. Lo cierto es que esta enigmática estructura sorprende con sus aún rígidos muros de adobe que poseen 1 metro de ancho y están entrepintados con colores originales de tonalidades pasteles. Incluso, un ángel sobre el altar parece darle la bienvenida a los visitantes con una leve sonrisa y una mirada perdida apuntando hacia un armonio que fue relegado a observar cómo pasan los años.
Patricio Olivares, oriundo de la zona, nos comenta que durante décadas buscadores de fortunas se adentraron en las dependencias divinas con la intención de encontrar el tesoro que piratas ingleses habían enterrado tras sitiar Coquimbo. “Pero nunca nadie encontró nada”, manifiesta sin dejar de mirar el piso.
A poco andar, las tumbas de familias connotadas de la época como los Barrios, los Durán o los Covarrubias, acompañan los recuerdos de una ciudad que lejos de entrar en el olvido, aguarda una de sus más afanosas luchas: Convertirse en zona típica.

LOS PASOS DEL PADRE PABLO
La ofensiva Aliada para derrocar al régimen nazi que atemorizaba a Europa en 1945 hizo que el sacerdote Pablo Diehl, dejase su Alemania natal para cruzar el océano Atlántico e instalarse en Barraza a done llegó en 1946. Esos miles de kilómetros no impidieron que este carismático hombre de fe se ganara el corazón de los habitantes de la localidad con quien aprendió a decir sus primeras palabras en español. Fue él mismo quien arreglaba el tejado cada vez que sucumbía por el peso de los años.
Su presencia hizo de los barracinos unos nuevos aspirantes a las creencias de Dios y a masificar las peregrinaciones durante las fiestas populares. “A él le regalaron el armonio que está en el museo”, cuenta Marcelo Carvajal, encargado del lugar, al que llegó hace seis años.
Con la muerte del padre Pablo en mayo de 1973, pareció que Barraza jamás lograría establecer esa conexión espiritual. Nadie discute que costó y que la huella de esta alemán de lentes gruesos y mirada fija sería difícil de enterrar. Y es que el cariño logrado y la influencia en dos generaciones no era obra de unos años, sino que de casi treinta.
En 1993 el Fondo de Desarrollo de la Cultura y las Artes financió un museo que recuerda los pasajes más importantes del pueblo donde se encuentran casullas sacerdotales del siglo XVIII, los primeros libros de bautizo y de matrimonio de 1698, los planos del pueblo y candelabros que nunca pudieron restaurarse tras el terremoto que afectó a Punitaqui en 1997.
Pero hay quienes han sentido pasos dentro de esta estructura. Incluso, los más temerarios que han observado hacia el interior cuando ya ha pasado la medianoche, aseguran haber visto al padre Pablo divagando por el lugar supervisando sus antiguas partencias. “Yo por lo menos nunca he visto nada, a lo más hay murciélagos (…) Es sólo una leyenda”, corrobora Carvajal.

LA DECAPITADA Y LOS DUENDES
Pero más allá de si es cierto o no, Barraza está lleno de mitos y creencias que dejan espacio a la duda. Es así como dentro del restaurante Cabildo Abierto existe un mural donde se personifica cada una de las leyendas con la que han crecido todas las generacion generaciones. Entre las más impactantes está la de los tres pequeños niños que al ser alcanzados por un caballo desorbitado murieron arrastrados por el animal en plena época de Conquista. No son pocos quienes aseguran que en ciertas tardes de niebla se pueden apreciar tres duendencillos que aparecen jugando con una cuerda. Supuestamente la que los mató.
Otro de los más recordados pasajes narrativos tiene que ver con una horrorosa muerte sentimental. Le ocurrió al comendador Sánchez Ordóñez quien encontró a su mujer engañándolo con un subalterno en los potreros de su hacienda. La reacción fue inmediata, decapitó a la infiel, apagando su sufrimiento con charcos de sangre derramada en una pila de paja. “Dicen que la mujer ahora aparece con la cabeza entre las manos”, rememora Patricio Olivares, dueño de Cabildo Abierto y a quien su abuelo le contaba estas historias cuando no podía dormir.
Así se suman otras como la gallina castillana que anda con pequeños pollitos dorados y donde comentan que quien la sigue encontrará el tesoro dejado por piratas que arribaron a la zona tras sitiar Coquimbo. Otra es el desplazamiento de una carroza con una novia dentro que enloqueció porque no pudo contraer el sagrado vínculo con su amado.
Patricio Olivares desean teatralizar todas estas historias en un anfiteatro que proyecta levantar hacia el 2010 y con una capacidad para 80 personas. “Queremos rescatar los mitos y leyendas del pueblo. Por lo menos ya hay material de apoyo y registros que avalan las narraciones, así es que llevarlo a las tablas será mucho más atractivo”, dice.

SABOR ÉTNICO
Para cualquiera que se halle en este pueblo ubicado a 30 kilómetros de Ovalle, y quiera probar la gastronomía local, el sitio indicado es el ya mencionado Cabildo Abierto. Pese a que el centro de expendio de comidas lleva apenas un año, la tradición de la familia Olivares Tabilo es centenaria. Esto porque el primer Tabilo fue un indio traído por Antonio Barraza Crespo y que se llamaba Lorenza –con a- y que llegó con cuatro mujeres. “Tenemos un pasado acá de siglos, lo que nos arraiga mucho más a esta tierra”, sostiene Patricio.
Su madre Aurora es la propietaria de la casa y es la encargada de complacer a los comensales con las más deliciosas preparaciones, especialmente luego de que éstos aumentaran de 80 a 220 por fin de semana, tras la emisión un programa de televisión que contó sus anécdotas. “Si bien no estábamos preparados para un alza tan importante, el cariño de la gente nos incentiva a seguir. No nos podemos quejar, hemos tenido muchas visitas y estamos haciendo algo que nos gusta”, añade la señora Aurora.
Entre los principales platos que se encuentran en este local lleno de maderas naturales de la zona, está la cazuela de ave, cabrito a las finas hierbas, ternera campestre, empanadas de camarón de río, pan amasado y postres. Todo por menos de $5 mil.
“Con esta apuesta queremos devolver a Barraza todo lo que ha olvidado, resaltar sus valores patrimoniales, culturales e históricos”, asevera Patricio, quien en todo caso, espera emprender el vuelo antes que se consolide el local, pues sus 14 años fuera del país lo llaman a fortalecer ese espíritu patiperro, aunque siempre con su Barraza en el corazón.

LAZOS PRODUCTIVOS
En Cabildo Abierto no sólo se encuentra espacio para disfrutar de una de las mejores gastronomías del Limarí, sino que también para el emprendimiento. Es así como han formado lazos con dos organizaciones de artesanos Fénix y Morieh donde venden las más bellas manualidades. “Lo importante aquí es la asociatividad y la colaboración”, resalta Marta Rodríguez, quien trabaja junto a su marido Víctor Cid en esta última agrupación. “Nosotros estamos devolviendo la mano a jóvenes a quienes les enseñamos nuestro arte”, confirma Cid, quien se ha especializado en la piedra combarbalita. Ana Fuenzalida -de Fénix- trabaja con lapislázuli, plata nacional y piedra natura.

Constructora e Inmobiliaria Elqui: Creando e innovando para la región


1988 sería un año de cambios. Mientras el país entraba a una etapa clave de su sistema político a través de un plebiscito, un joven ingeniero civil que hizo la mayoría de sus estudios en Concepción se desplazó 987 kilómetros para dejar atrás días lluviosos y bajas temperaturas para instalarse en una de las zonas que desde hacía dos décadas acaparaba la atención de miles de visitantes nacionales que habían encontrado en sus paradisíacos rincones una tranquilidad envidiable y un excelente clima que la hacían visitarla de vez en cuando.
Era Jorge Páez Guzmán, quien vio en el rubro inmobiliario una muy buen alternativa para ganarse la vida. Y, favorablemente, había elegido una zona con amplios potenciales para desarrollar ese rubro. Él mismo reconoce que en su corazón poco a poco comenzó a gestarse un sentimiento especial por una región que contrastaba con la que él había contemplado por años.
Fue en esta ciudad donde formó uno de sus mayores orgullos junto a su socio local, Patricio Rojas Sáez: Constructora e Inmobiliaria Elqui, la que hoy goza de excelente salud, a pesar de los vaivenes económicos que han amenazado con hacer tambalear hasta a los avezados empresarios. Sin embargo, por estos días están de fiesta y celebran veinte años desde el puntapié inicial.
Pero antes de comenzar a invertir y a trazar lo que sería el futuro de la empresa, había que definir una línea de trabajo y una política de construcción. No pasaron muchas semanas cuando ambos propietarios idearon un concepto que lo mantienen hasta hoy: Innovar con calidad.
Si bien el propio Páez reconoce que el modelo arquitectónico que se aplicaba a fines de los ochenta contrasta con el que actualmente ejecutan, siempre el factor común está en hacer las cosas mejor que el resto. “El esquema arquitectónico durante estos veinte años ha ido cambiando, porque este sector es muy dinámico y siempre se adecua a los atractivos que queremos entregar a la comunidad. Se ha enaltecido temas innovadores dentro de la vivienda, aunque sin descuidar la calidad”, precisa Páez.
Con la temática definida, sólo bastaba con poner en marcha las primeras iniciativas. Por esta razón es que se dio un especial énfasis en levantar espacios residenciales que confluyeran posteriormente en más inversión. En definitiva, crear barrios residenciales donde antes sólo abundaba el pasto.
Así sucedió con uno de sus más reconocidos proyectos desarrollados y que tiene que ver con el Conjunto Habitacional Barrio Universitario, cuyo emplazamiento fue en el camino antiguo Las Parcelas y rebautizado hoy como avenida Guillermo Ulriksen.
Fueron más de ocho años de trabajo en el lugar donde se abrió un potente polo de crecimiento urbano logrando una evidente conectividad de 600 casas con el centro de La Serena.
Pero esta primera apuesta no fue fácil, porque para gozar hoy de un sitio consolidado como fuente de inversión inmobiliaria, hubo que desembolsar bastante dinero para hacer grandes rellenos, muros de contención y movimientos de tierra. Pero esos escollos no movieron un ápice el objetivo de iniciar la expansión territorial de la ciudad.
Durante los años 2005 y 2007 hubo dos nuevas propuestas que afianzaron el desarrollo urbano, a través de los condominios de departamento del Barrio Universitario I y II.

UN BARRIO PARA LA CLASE MEDIA
Con la llegada de los grandes centros del retail a la zona centro de la capital regional y la cada vez más abundante migración hacia la Avenida del Mar del estrato más acomodado de la sociedad, Patricio y Jorge entendieron que a esta segregación social se sumaban los sectores más carenciados ubicados en zonas periféricas como Las Compañías o La Antena. Pero para cerra el círculo hacía falta una señal para que la clase media no se fuera a Coquimbo.
Con esa intención nació el Conjunto Residencial Serena Oriente I, que se emplazó adyacente a San Joaquín, construyendo más de 500 casas. “Queríamos fortalecer a Serena Oriente como un sector residencial para la clase media”, rememora Páez.
Atendiendo la buena acogida que tuvieron las viviendas, hoy en día ya se encuentra en marcha la segunda etapa que se ubica en avenida Cuatro Esquinas con Guillermo Ulriksen. Para esa fase se consideran 282 casas de entre 74 y 134 metros cuadrados.

EL TOQUE MÁGICO
El hecho que La Serena haya sido elegida la mejor ciudad para vivir, de acuerdo a un estudio reciente, sólo marca la tendencia de un apetito por llegar e instalarse con camas y petacas. Así lo han entendido muchos que después de años de trabajo han dejado en el baúl de los recuerdos peligrosas y sacrificadas exploraciones bajo tierra o toda una vida como esclavo de una oficina.
Y es que según la consultora Atisba, la capital regional capta demandas de primera y segunda vivienda de gente de Santiago y de la zona norte del país, específicamente Antofagasta, Calama y Copiapó.
El arquitecto y experto en urbanización, Iván Poduje, pronostica que hacia el 2020 la población de la conurbación La Serena – Coquimbo llegará a 514 mil personas, correspondiendo al 63% de la población regional. “Habrá un fuerte incremento en la gente que se apresta a llegar, por lo que hay que definir cuáles son los sitios con mayor potencial. Yo creo que es el sector Peñuelas – La Cantera, donde veo el arribo de centros comerciales y supermercados, que cubrirán las demandas de esas personas”, precisa Poduje.
Esta tendencia a ampliar el espectro de habitantes hace que muchas inmobiliarias provean de atractivas ofertas para captar ese nicho. Por ende, para evitar perder mercado o tener que rebajar en exceso los precios de las residencias, hay que marcar la diferencia y una de las mejores formas que ha logrado incorporar Constructora Elqui a sus sistema de trabajo es en la optimización del producto final.
“Toda la electrificación, la telefonía, la televisión y los cables son subterráneos, de manera que el cliente ve todo más despejado. Eso no se ve en otros proyectos donde se aprecia que está todo a la vista, ya que se siguen manteniendo cables en desuso y no lo retiran”, agrega Jorge Páez.
Este adelanto tecnológico le ha traído buenos dividendos, ya que los mismos clientes prefieren instalaciones sin contaminación visual. “Esto lo hemos hecho sin subir los precios (…) Y a pesar que esta apuesta puede llegar a costar cinco veces más de lo normal, pero estamos conformes porque estamos modernizando para la clase media”, explica el ingeniero.

LOS ALTIBAJOS
Jorge Páez y Patricio Rojas saben lo que son los golpes externos que cíclicamente cada una década se encarga de dar la economía mundial. Fue así como a fines de los noventa y cuando nuestro país comenzaba a sentir los severos efectos del desbalance de las bolsas asiáticas, Constructora Elqui tuvo que paralizar por cerca de 10 meses. “No se ejecutó ningún proyecto nuevo y no se vendió una sola casa”, recuerda Páez.
Para ello, el empresario tuvo que recurrir a expender saldos para mantener la firma. Por esta razón es que hoy muestra un evidente respeto a estos temblores bursátiles.
Y no es el único, porque Lorenzo Constans -presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, de la que Páez fue timonel de la Delegación La Serena entre el 2006 y el 2008- ha reiterado su visión crítica al respecto anunciando disminuciones de venta en torno al 15% hacia finales de año. “Seremos una de las actividades más golpeadas con esta crisis”, aclaró Constans a los medios nacionales la semana pasada.
Por ello, Páez cree que el empresariado regional aún no le toma el peso a lo que significa el poner en riesgo a un sector que crece anualmente a tasas del 8%. “Los empresarios regionales no han tomado con la seriedad que corresponde esta crisis, que en algún momento se va a sentir”, reitera Páez, quien sentencia que las velocidades de ventas se podrían reducir toda vez que la menor opción de acceder a un crédito podría mermar los proyectos inmobiliarios que terminan en diciembre.
Si bien en Constructora Elqui tuvieron la visión de empresa de encontrarse sin un stock muy grande, eso no ocurre con otras firmas. “Si esto continúa y no hay claridad en los créditos hipotecarios, habrá serios problemas para continuar con las iniciativas. A las empresas no les van a entregar créditos mientras no solucionen su stock”.
En todo caso y mirando la carpeta de su último orgullo, el Complejo Barrio Universitario III que significará el desembolso de cerca de US$50 millones para desarrollar ocho etapas de construcción en altura, Jorge Páez planifica sus próximos pasos, los que de seguro, tendrán las mismas características que han izado a su empresa como una de las más sanas de la zona: Trabajar fuerte, con seriedad, innovando y calificando con altos estándares.

RELACIÓN REGIONAL
Cuando uno llega a un lugar que no conoce son pocos quienes tienden la mano. Por eso es que cuando se encuentra un hombro sobre el cual descansar, resulta satisfactorio. Es así como han visto a Diario El Día los dueños de Constructora Elqui, ya que según propia confesión “se han puesto al lado y no en frente poniendo obstáculos”. Jorge Páez asimila que el medio escrito ha sido un “pilar fundamental en el desarrollo inmobiliario, porque han estado al lado de manera permanente, apoyándonos en todo sentido, especialmente en el avisaje, levantamiento de imagen y al momento de enfrentar el avance publicitario. Los he sentido muy cercanos siempre, nos han apoyado muchísimo en esta relación estratégica”.

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