viernes, 5 de octubre de 2007

Los tres niños vampiros que divagan por los campos sanantoninos


En el año 1945 la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin tras seis años de intensa lucha donde millones de hombres perdieron la vida, sentando el trágico precedente de la muerte en la nueva era humana.

Chile y San Antonio no habían quedado ajenos a las macabras noticias que llegaban desde el extranjero y que evidenciaban una lucha sin tregua en la que nuestro país tuvo que alinearse con el bando de los Aliados, es decir, Europa Occidental y Estados Unidos.

Pero la tragedia no sólo sería un luto para la humanidad, sino que también para aquel ya incipiente puerto de la Quinta Región, nuestro San Antonio querido que ya comenzaba a izarse entre los grandes de Latinoamérica.

Por aquellos años, mediados de la década del cuarenta, en el país se hacían enormes esfuerzos por salir del estancamiento mundial. Por eso ya se trazaban los primeros pasos de lo que hoy se conoce como la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO).

Nuestro San Antonio, con algo más de 17 mil habitantes trataba por medio de la pesca artesanal, la creciente actividad portuaria y por sobre todo, el comercio local abstraerse de los pormenores que habían hecho del año 1945, uno de los más difíciles de la presente centuria.

Sin embargo, aquel 1945 pronto se fue y dio paso a un 1946 lleno de esperanza, desde donde se intentaba sentar los cimientos de una nueva época, donde los hombres encontrarían la paz, donde el comercio sería el puntal del desarrollo, el turismo una fuente importante de ingreso, la pesca una oportunidad para los más arriesgados y el puerto un gigante dormido, pero que tarde o temprano despertaría de su letargo.

Aquel año hubo ciertos hechos como que la administración del gobierno radical de Gabriel González Videla perseguía al Partido Comunista y lo instalaba como una colectividad fuera de la ley. Asimismo, las mujeres cada vez más lograban posicionarse dentro de la sociedad, educándose e instruyéndose para estar a la par con los hombres

En nuestra ciudad, la tranquilidad de los sectores aledaños a la plaza de armas, donde cada tarde se tejía una nueva historia de vida, se entremezclaba con la revolucionada avenida Centenario con los emporios ofreciendo desde charlones hasta cremalleras de distintos colores, lo que impedían que la vida de la época se volviese tediosa.

De las muchas familias que por aquellos años formaban la vida social del sector d Llo Lleo, se encontraban los Kifafi. No obstante, ¿Quiénes eran los Kifafi?

Este enigmático clan familiar es uno de los más tradicionales de San Antonio, pues se han dedicado por años al comercio, precisamente en Llo Lleo. Pero la historia de esta familia da un vuelco evidente el 1 de noviembre de 1946.

Los Kifafi era un familia numerosa, pero quienes destacaban eran los más pequeños Alí, Abdelfacta y Jalil, quienes acostumbraban a hacer suyas las tierrosas calles de la década del cuarenta.

Según los vecinos de aquellos años, estos tres hermanos eran inseparables y muy unidos. Esto, porque el resto de la familia se dedicaba casi por completo a la actividad de compra y venta de productos. En tanto los mayores no los tomaban en cuenta. Por ende este trío, hacía travesuras cada vez que podía.

La tarde del 31 de octubre de 1946, a eso de las 17 horas, Alí, Abdelfacta y Jalil se juntaron con unos amigos mayores, quienes le hicieron una apuesta: nadar por el temido Estero San Pedro. No obstante, de inmediato uno de los hermanos Kifafi se encargó de poner paños fríos abortando la acción: ninguno de los tres sabía nadar.

Pero, la “amabilidad” de uno de los muchachones fue más fuerte, ya que les enseñarían al otro día en el mismo Estero San Pedro. Los Kifafi aceptaron sin reparos.

Muy temprano, ese primer día de noviembre, la familia Kifafi amaneció y comenzó los preparativos para visitar a sus abuelos en el Cementerio Parroquial, ubicado en la parte alta e la ciudad. Sin embargo, los más pequeños: Alí, Abdelfacta y Jalil se negaron a ir, aduciendo que debían disputar un partido de fútbol. Sus padres, Elías Kifafi y Guillermina Álvarez, ni se inmutaron ante lo que consideraron una nueva pataleta de los niños.

Tres y media de la tarde y la casa de los Kifafi en pleno centro de Llo Lleo estaba sólo habitada por los tres niños. Nadie más, nadie quien pudiese detener la génesis de aquella trágica jornada.

Cerca de media hora después los tres hermanos salieron desde su hogar para juntarse con los tres amigos mayores. Además de la pelota llevaban sus trajes de baño escondidos entre sus ropas.

El Estero San Pedro se veía imponente, pocas casas lo circundaban y mucho menos personas pasaban por lugar. Seis seres comenzarían de esta manera a escribir uno de los sucesos más impactantes que tenga recuerdo la provincia de San Antonio.

Mientras los muchachos mayores observaban en la orilla del estero, Alí, quien tenía apenas 7 años, se lanzó para ver cuánto aguantaba flotando. Cinco minutos pasaron y el niño parecía un experto en el agua. Hasta los amigos les sorprendió su capacidad de manejo en el estero.

Pero de un instante a otro, Alí, comenzó a sentirse mal, a tragar agua, a acalambrarse, a no moverse, a gritar, a sollozar y a hundirse. Abdelfacta, el más pequeño de los tres con 5 años, quiso tirarse al agua, pero Jalil de 9, lo hizo primero.

El resultado: el peor de los escenarios. Tanto Jalil como Alí, poco a poco se sumergieron irremediablemente en las fangosas aguas del Estero San Pedro. Al ver esto los tres amigos se dieron a la fuga. Abdelfacta, quien a pesar de ser uno de los menores de la familia (sólo su hermana Fátima de 6 y otra de 3, le seguían), siempre fue osado y no dudó un instante en ir en rescate de sus hermanos.

Cinco de la tarde de aquel 1 de noviembre y el cuerpo de los tres niños, Abdelfacta de 5, Alí de 7 y Jalil de 9 flotaban en lo que sería su última morada en vida.

La noticia rápidamente se difundió entre las personas que pasaban por el lugar. Los Kifafi eran muy conocidos, por lo que no costó mucho identificarlos y darle inmediato aviso a sus padres.

La tragedia se apoderó de todo San Antonio. Uno de los clanes familiares más tradicionales había sido presa de un fatal accidente en uno de los esteros que a menudo causaba problemas de inundaciones en las poblaciones aledañas.

Los funerales de los menores se llevaron a cabo dos días después y casi todos los sanantoninos, quizás por los dramáticos hechos acaecidos y por las consecuencias fatales, colmaron el Cementerio Parroquial aquella fría tarde primaveral.


El comienzo de la verdadera leyenda

Martes 28 de noviembre de 1946. Un agricultor de Tejas Verdes sale a buscar a algunos de sus animales, los que habían estado todo el día pastando. Como buen conocedor del campo y de sus pertenencias, este hombre se da cuenta de que le faltan dos cabritos que recién habían nacido. No les da importancia confiado que llegarán al otro día, pues como caminaban poco, estarían cerca del predio.

Miércoles 29 de noviembre de 1946. Este campesino de quien sólo se conoce su apellido, Márquez, inicia una nueva búsqueda de los animales. Cerca de la playa de Llo Lleo avista unos bultos tirados en el suelo. Márquez se imagina que es ropa, por lo que se acerca para ver en qué estado se encuentran.

Su sorpresa es gigantesca cuando se da cuenta que eran sus dos cabritos recién nacidos quienes yacían si vida en la arena llolleína. Lo raro es que no presentaban ninguna herida, sólo dos pequeños agujeros en sus cuellos.

Así avanzaron los días, las semanas y los meses y más animales aparecían muertos. Curiosamente eran siempre en el mismo sector: entre el Estero San Pedro y la playa de Llo Lleo.

Así comenzaron las suspicacias por parte de los vecinos, quienes aprovechando la conjetura de la muerte de los Kifafi, los culpabilizaron de salir de sus tumbas y chuparles la sangre a los animales. Para todo San Antonio, los Kifafi habían pasado de ser unos inocentes niños muertos por inmersión a unos sangrientos y aterradores vampiros.

La familia, obviamente no dio lugar a los acontecimientos, pues era ilógico que en pleno siglo XX se hablase aún se seres bebedores de sangres. Pero debido a la efervescencia dada en la época y la presión ejercida por la misma familia hacia los padres de Alí, Jalil y Abdelfacta, don Elías y doña Guillermina, aceptaron exhumar los cuerpos de sus pequeños hijos.

Luego de realizados los procedimientos, toda la ciudad se enteró de lo que para muchos eran pruebas irrefutables que los Kifafi salían por las noches a matar animales: sus cabellos estaban más largos, al igual que sus uñas y sus dientes más aguzados. Además sus zapatos estaban gastados en las suelas.

Se inició con ello una suerte de caza de brujas con toda la familia. Los Kifafi debieron recluirse en su hogar de Llo Lleo para no ser objeto de golpes ni ataques por parte de los enardecidos sanantoninos que creían que toda la familia era vampiro.

La noticia trascendió las fronteras de nuestro puerto y eran decenas los periodistas de la época que hacían guardia día y noche en las afueras del Cementerio Parroquial para captar el instante exacto cuando los niños salieran de sus tumbas.

Incluso se desarrollaron romerías desde la Caleta Pacheco Altamirano y la plaza de armas de San Antonio para ir en busca de los vampiros asesinos que atemorizaban a las personas y mataban animales.

Eñ 31 de octubre del 2006 se cumplieron sesenta años desde la muerte de Alí, Abdelfacta y Jalil y su presencia entre los sanantoninos parece incrementarse, pues a menudo rondan los rumores que en la playa de Llo Lleo y en los bosques cercanos al Estero San Pedro se pasean tres niños, con sus atuendos negros, sus zapatos gastados, sus cabellos largos y sus dientes afilados, por las frías noches que acompañan una historia que lejos de disiparse está más presente que nunca.

Especialmente porque hoy es muy probable que cuando alguien divague por el sitio donde encontraron la muerte los menores, se encuentre cara a cara con la leyenda más sombría e intrigante de San Antonio.

Las súplicas y gritos que aún retuercen los pasillos de la ex Escuela 1 de San Antonio


En los albores del siglo XX, Chile se regocijaba por los excedentes del salitre y su crecimiento era superior al de cualquiera de sus vecinos sudamericanos. San Antonio, un pequeño aunque productivo puerto de la Zona Central del país, comenzaba a percibir la atención de todos aquellos navegantes que por una u otra razón recalaban en un pequeño terminal portuario que, dentro de sus ventajas, contaba con estar a sólo tres días de la capital, Santiago.

Superada la violenta Revolución de 1891 y que había terminado violentamente con el periodo presidencial de José Manuel Balmaceda, la nación poco a poco recobraba su tranquilidad y entraba a un periodo político más calmo, aunque no por ello menos conflictivo y complejo.

La población sanantonina veía cómo día a día se sumaba a su fauna parroquiana cientos de extranjeros que, atraídos por las extensas praderas y el verdor de los cerros, hacía suya una morada a pasos del Océano Pacífico.

Cada domingo albergaba las más tradicionales prácticas de la época, como pasear por la Plaza de Armas, comprar en algún emporio para preparar el almuerzo con los amigos o visitar obligadamente la botica cuando uno de los niños de la casa se veía afiebrado.

San Antonio sonreía al paso del progreso de Chile y de una ciudad que a instancias del puerto, sabía que no tardarían en llegar los días en que se acortarían las brechas con los grandes centros urbanos como Santiago o Valparaíso.

Sin embargo, la naturaleza –quizás celosa de esa prosperidad o queriendo decirnos que los humanos no tenemos la capacidad para desafiarla- tramaba un golpe mortal contra nuestra ciudad, la que si bien no fue la más perjudicada, pasará a la posteridad como una de las más significativas por la tragedia que la azotó.

Los sanantoninos despertaron repentinamente la madrugada del lunes 10 de agosto de 1906. Un fuerte movimiento perturbó el sueño de las casi 9 mil personas que habitaban la ciudad. No hubo mayores daños, pero el susto hizo impacientar a quienes valoraban la tranquilidad de una zona extensa en playas y abundante en vegetación.

Durante la jornada laboral de la semana que se iniciaba, se volvieron a sentir ciertas oscilaciones terrestres, las que no dejaban de ser un aviso y permitían intuir que algo asomaba como peligroso. Así continuó el martes, el miércoles y el resto de la semana. Pequeños movimientos telúricos que con el pasar de los días fue aminorando la capacidad de asombro de los habitantes de San Antonio. Para ellos, no era más que “temblorcitos” inocuos.

El domingo 16 de agosto de 1906, todo San Antonio despertó radiante, con un sol que invitaba a salir de las casas y a visitar los sectores cercanos al muelle de pescadores. El peregrinar de los sanantoninos era libre hasta que al mediodía en punto, había una cita inexorable con la fe. La misa dominical vespertina era un compromiso inalterable que ningún parroquiano siquiera pensaba en desobedecer. Familias completas llegaron hasta la iglesia principal de nuestra ciudad, la que si bien no era de las dimensiones de las apoteósicas catedrales santiaguinas o porteñas, era un centro de reunión obligado de los creyentes, quienes no cejaban en estar por unos instantes cerca de Dios.

Tal fue la concurrencia de aquel día, que mucha gente a pesar de llegar diez minutos antes, tuvo que apreciar la palabra del Evangelio de pie o en las puertas de la iglesia. Como nunca, la comunidad se daba cita en la casa del Señor.

Cuando el párroco les dio la bienvenida a los feligreses, se sintió un leve temblor, el que pasó a ser una anécdota más de aquella “oscilante” semana, por lo que no representó mayor preocupación para los creyentes, salvo un par de niños que se asustaron y comenzaron a llorar, aunque rápidamente las madres los hicieron callar, prometiéndoles comprar una paleta de dulce a lo que terminara la misa.

Poco a poco se sintieron más temblores, aunque la persistencia de éstos a través de los días previos, no permitía dimensionar lo que se avecinaba. Como dijimos anteriormente, aquel centro religioso nunca había visto tanta gente como ese día.

Muchos de los asistentes había llegado para conmemorar a la Virgen de la Inmaculada Concepción, para pedir por sus parientes enfermos, o simplemente para que les concediese salud y felicidad. No obstante, una cantidad considerable, para que los movimientos de la tierra experimentados en el último tiempo no produjesen una tragedia.

Eran las 19:25 de la tarde cuando un violento y ensordecedor ruido interrumpe la prédica del sacerdote que oficiaba la misa. Éste eso sí, venía acompañado por un violento sismo que con el pasar de los segundos se fue intensificando hasta alcanzar la terrorífica cifra de 8.6 grados Richter. En Chile por primera vez se producía un terremoto de esas características y aquella cifra consolidaba a esta parte del mundo como una de las más vulnerables a los movimientos telúricos. Valparaíso, el puerto vecino, se izaba como el epicentro de la catástrofe.

El escenario era dantesco, los cientos de fieles que habían llegado con sus mejores prendas hasta veinte minutos antes de que se iniciaran los oficios, y que ocupaban los primeros asientos, sólo observaban a un mar de gente antes que ellos que se pisaban unos a otros intentando salir.

La masiva concurrencia a la misa dominical vespertina había hecho estragos. Quienes se encontraban de pie, bloquearon las dos enormes puertas de madera que separaban la iglesia de la calle y por ende a las personas que intentaron en vano escapar de los derrumbes que se podían percibir ya por la fuerza del sismo.

Innumerables imágenes, cuadros, candelabros y luces cayeron sobre los desesperados feligreses que morían aplastados por quienes trataban con desesperación salir a como diese lugar de la casa de Dios.

El terror paradójicamente había llegado hasta el mismo hogar del Señor y no había tenido contemplación con nadie. No importaba si eran mujeres, niños, ancianos o simplemente individuos que había llegado hasta el sitio a orar o agradecer por algún favor concedido.

Niños aplastados por largos bancos de madera yacían inconscientes ante el pavor de sus padres, que nada podían hacer para salvarlos, porque la avalancha humana era más poderosa que la posibilidad de prestarles ayuda.

Cientos de cuerpos estaban completamente destrozados y cercenados por los contundentes elementos que se desprendieron desde el techo y de las paredes de aquella añosa iglesia. No hubo oportunidad de salir, no hubo oportunidad de sobrevivir.

Según los datos de la época más de 150 personas perdieron la vida y tan sólo unas 30 tuvieron la chance de contarle esta terrorífica experiencia a sus familiares. Nunca en San Antonio había muerto tanta gente como esa vez. Aquel día, la vida se había enemistado con nuestro puerto.


CONSTRUCCIÓN DE ESCUELA 1

A pesar de lo difícil que era olvidar y sobrellevar el dolor por aquella tragedia, las autoridades de aquellos años decidieron construir sobre los escombros de la iglesia, una escuela, la que albergara a una cantidad importante de niños que recibirían instrucción, de acuerdo a los nuevos planes educativos que se estimaban por el Gobierno Central.

Así se edificaron las nuevas instalaciones de un complejo educativo que se pasó a llamar Escuela 1, la que recibió a miles de niños de San Antonio. A la inauguración de esta escuela años después del terremoto de 1906, asistió hasta el Presidente de la República de ese entonces, don Pedro Montt Montt.

Con el correr de los meses y ya plenamente en funcionamiento, se echó a correr el rumor que algo ocurría en el subterráneo del centro educativo. Profesores y apoderados adujeron que se trataba de la imaginación de los niños, quienes en varias ocasiones les habían dicho que se escuchaban ruidos extraños.

Cada vez eran más los alumnos y hasta profesores que llegaron a escuchar sollozos de guaguas, gritos desgarradores de hombres y terroríficas súplicas de madres buscando a sus hijos. El subterráneo de la Escuela 1, y en el que se realizaban clases normales, pasó a ser un lugar tabú para muchos y un castigo ejemplificador para los desordenados.

El pavor se acrecentó con los años, pues los ruidos no cesaban y las experiencias de algunos estudiantes daban crédito que algo ocurría. Muchos profesores se negaron por años a hacer clases en dicho sector, por las inclementes voces que distorsionaban el ambiente.

Pero, ¿desde dónde provenían esos gritos? La respuesta fue un dilema muy difícil de dilucidar, aunque cuando un profesor de historia les contó a un grupo de alumnos que antes en esos mismos terrenos había existido una iglesia que había sucumbido ante un fuerte movimiento sísmico y que había perecido cientos de personas, la respuesta no tuvo más disyuntivas.

A lo largo de las generaciones, cada curso que pasó por aquellas aulas del subterráneo estuvo en contacto con las voces que le imprimieron un dejo de misticismo a aquella escuela.

Con la implementación de nuevas y modernas obras, la Escuela 1 dejó de funcionar y aquel mito de las voces se perpetuó en nuestra ciudad. Varias fueron las generaciones que escucharon a diario a bebés sollozando sin cesar, a niños buscando a sus mamás y a personas adultas rogando por ayuda.

Hoy, la estructura física de la Escuela 1 sigue allí y al parecer también las tenebrosas y escalofriantes voces que acompañaron a este centro educacional desde su construcción, pasando por sus años dorados y hasta ahora que ya no presta servicio.

La Escuela 1 ya no existe y es sólo un hermoso recuerdo para aquellos que tuvieron la oportunidad de estudiar allí, pero el súplico y el ruego de las personas que yacen enterradas bajo esas toneladas de concreto parece no difuminarse.

jueves, 4 de octubre de 2007

Lestat el Vampiro: una razón de sobra para cuidarse de las criaturas de la noche


La eterna discusión acerca de que si las películas que se basan en un libro alcanzan la esencia, la fuerza o el impacto de estos últimos es casi tan veja como el hilo negro. Lo importante no es ponerlos en una balaza y decidir por uno, sino que disfrutar dos artes total y absolutamente diferentes que pueden, según el interés del individuo, complementarse a la perfección.

Pero la cita que convoca acá no es para hablar de un filme que haya tenido como argumento central el título de una novela, un cuento o un poema, sino que directamente comentar un gran libro que es Lestat El Vampiro de la escritora estadounidense Anne Rice (The Vampire Lestat).

Para quienes conocen a Anne Rice deben estar seguros que no existe nadie más en el planeta que haya basado su carrera literaria en retratar, revisionar o simplemente contar las anécdotas más impactantes e intrigantes de los seres succionadores de sangre.

Así, su trilogía denominada Crónicas Vampíricas comienza en 1976 con la publicación de Entrevista con el Vampiro (The Interview with The Vampire), continúa con Lestat El Vampiro (The Vampire Lestat) en 1985 y finaliza en 1988 con La Reina de los Condenados (The Queen of Damned).

Según el ordenamiento temporal se debería partir por la primera entrega, Entrevista con el Vampiro, pero he decidido comenzar por la segunda por un aspecto de comprensión histórica y narrativa del resto de los libros.

Lestat el Vampiro explica muy bien los inicios de Lestat de Lioncourt, un noble francés de fines del siglo XVIII que lucha contra los cambios que se avecinan en su país(revolución contra la monarquía absoluta de Luis XVI) y especialmente con los miedos, desafíos y letargos que le significa su existencia en su natal ciudad de la Auvernia.

Eso sí, el texto comienza dos siglos después, en la plena ciudad cosmopolita de San Francisco, en Estados Unidos, donde Lestat después de dormir por algunos años alimentándose de ratas de alcantarilla, despierta con los acordes y sonidos metálicos de una banda llamada La Noche Libre de Satán. Allí la trama se vuelve imprescindible y adictiva, pues de un momento a otro, cuando uno se imagina un escenario lleno de luces, fuegos artificiales y riffs, la historia nos traslada a finales del año 1700.

La Auvernia, el pequeño poblado donde vive Lestat junto a sus padres y hermanos es azotada por una manada de lobos que atemoriza a los campesinos del lugar. Como no existe nadie quien pueda hacerles frente, Lestat, un noble empobrecido, sin educación y con escasas posibilidades de desarrollar labores fuera de su palacio, se encamina a darle muerte a los lobos y salvar a su poblado.

Sin temer a la muerte, considerando sus pocas ganas de vivir por la simpleza de su existencia, sube a la montaña nevada. Después de una dura pelea, logra vencer a más de diez lobos quienes lo habían acorralado y dado muerte a sus dos perros mastines a quienes había criado desde su niñez.

El hito lo posiciona como héroe local, siendo reconocido por los incipientes burgueses, quienes en ese periodo ya luchaban por la supremacía del poder con la nobleza a la que pertenecía este joven de 20 años e hijo menor del Marqués d´ Auvernia.

Sin embargo, Lestat entiende que la trivialidad de su vida no se acaba con su figuración pública, además que ve con dolor cómo su madre, Gabrielle, comienza con el deterioro de su salud, su padre ciego cada día está más limitado y sus hermanos le hacen la vida imposible. Ello lo hace cambiar radicalmente su vida. Su próximo destino: París.

Su travesía antes de arribar a la ciudad luz se ve empañada por sus frustrados deseos de ser parte de algunas compañías italianas itinerantes de teatro que visitaban la Auvernia, pero que su familia le impide formar parte.

La decisión de irse de la comarca agrícola ya estaba tomada por parte de Lestat, sólo le bastaba un apoyo que, no obstante, jamás encontraría en miembros de su familia o entorno de clase. Es por ello que en una celebración en la plaza del pueblo recobra la amistad con el hijo de un acaudalado burgués, Nicolas de Lenfente.

Juntos emprenden un viaje sin retorno de su poblado natal. En París, la vida les da una oportunidad inmejorable: para Lestat trabajar en lo que tanto había deseado: como actor, en tanto Nicolas desarrollando su actividad favorita: interpretando piezas de Wolfgang Amadeus Mozart en su violín. Ambos en el Boulevard du Temple.

Los meses transcurren y por fin este empobrecido noble logra cierta estabilidad económica que le permite enviar sumas de dinero y cartas a su madre en la Auvernia. Pero habrá un vuelco que trastocará esta tranquilidad y que tendrá irreparables consecuencias en la vida de nuestro protagonista.

Como cada noche el espectáculo en el Boulevard du Temple transcurría con gran efervescencia para el público y con gran adrenalina para los artistas, especialmente para Lelio, el personaje que Lestat interpretaba en el montaje. Eso sí, había un condimento que alteraría dicho estado: la presencia de un misterioso hombre, quien durante varias noches se sentaba en el mismo lugar y llegaba a la misma hora para ver la misma presentación de la compañía.

Una noche cuando Lestat y Nicolas dormían en un lugar cercano al teatro, este ser despertó a Lestat y con una fuerza inusitada lo llevó al exterior de la pieza, convulsionado por el hecho, Lestat apenas podía zafarse de los brazos de un anciano canoso que no lo soltaría por esa noche.

Aún atado a las manos del viejo, éste lo condujo a un antiguo palacio donde le reveló su más íntimo secreto: ser miembro del mundo de las Tinieblas. La vida de Lestat jamás volvió a ser la misma luego que Magnus, el ente que lo había secuestrado, lo convirtiera en vampiro una vez que le dio de beber su sangre.

Tras ese paso desde la vida mortal a la de una donde nunca dejaría de existir, el joven de largos cabellos rubios de la Auvernia tuvo que dejar su pasado atrás y volcarse a adquirir los conocimientos, experiencias y costumbres de los seres de la noche. Para ello era necesario no volver nunca más al Boulevard du Temple, dejar de ver a su familia del poblado local y a su gran amigo Nicolas.

Fue duro para Lestat, sin embargo, debido a su contacto con Magnus, logró hacerse de una riqueza que ni en el mejor de sus sueño había imaginado. Con ello siguió ayudando a los artistas de la compañía pagándole las deudas que mantenían y posteriormente comprándoles el terreno donde emplazarían el Theatre des Vampires; le regaló un stradivarius a Nicolas y le envió dinero a su familia empobrecida.

Desde el momento en que entró al mundo de las Tinieblas, Lestat no sólo sería testigo de los cambios de su fisonomía, sino que de la forma de relacionarse y comunicarse con los demás. No sólo ya no se alimentaría de carne o papas, sino que sólo de sangre humana. No sólo tendría la fuerza de tres hombres juntos, sino que podría leer la mente de los demás. Cambios a los que el joven principiante de vampiro debió acostumbrarse, quisiese o no.

Sin embargo, una vez que su madre, enferma de tuberculosis, llega hasta París para despedirse de su hijo, Lestat debe tomar por primera vez la difícil decisión de dejarla morir o iniciarla en el Don Oscuro para darle la inmortalidad. Lo mismo le sucederá con Nicolas. Debido al amor que le profesaba, a ambos los convierte en criaturas de la noche

Dentro de la comunidad vampira existe un gran respeto por los antiguos seres que gobernaban a los actuales chupasangres. Prueba de ello fue la admiración que el propio Magnus le provocaba su creador Armand,

Pero para Lestat una vez que conoció a Armand, no le pareció más que un anticuado líder del aquellare parisino que por sobretodo aplacaba cualquier intento por modernizar la comunidad o seguir adquiriendo conocimiento. Es por esa razón que ambos entran en una dura disputa.

El ánimo de Lestat también estaba inspirado en poder conocer a las antiguas deidades vampiras que habitaban tierras lejanas. Fue así como durante largo tiempo se dedicó a buscar a Marius, el ente que había creado a Armand, pues había algo que le atraía de él. Para ello viajó a Egipto donde por fin se pudo comunicar con él, luego de dejarle mensajes en rocas por varios países.

Fue allí donde se dará cuenta que hace un par de siglos la raza vampira estuvo a punto de extinguirse luego de que inescrupulosos entes de la noche trataran de exponer al sol y posterioemente quemar a Los Que Deben Ser Guardados, o sea El Padre y la Madre. En mejores palabras, Enkil y Akasha, los máximos representantes de los bebedores de sangre. Los dioses egipcios de los vampiros.

Novela maravillosa, oscura, potente y por sobretodo muy detallada de la vida del joven Lestat, el ser que le da la vida a Louis, el hacendado de Nueva Orleáns que marca la trama de Entrevista con el Vampiro.

Texto con 797 páginas donde cada capítulo logra establecer una conexión precisa con la historia que teje Anne Rice. Recomendado para todos los amantes de las crónicas vampirescas y también muy interesante para aquellos que se inician en la lectura de terror. Y por sobretodo un argumento esencial para cuidarse de las criaturas que vagan sigilosamente por las frías y oscuras noches del siglo XXI.

martes, 21 de agosto de 2007

Tercera Profecía de Fátima: ¿Auguraría el fin del Catolicismo?



En el apogeo de los enfrentamientos de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) y con la Revolución bolchevique en Rusia a punto de concretarse, Portugal, por su carácter de abstención de los enfrentamientos, se había librado de las más duras batallas que acechan a Europa.

Si bien la hambruna, la escasez, la pobreza y las enfermedades no hacían excepción con ningún país del Viejo Continente, el cariz rural del estado luso hizo que la autosuficiencia y el autosustento mermara las carencias propias de la época.

Sin embargo, Portugal no quedaría al margen de los acontecimientos más importantes de la primera quincena del siglo XX, especialmente aquellos relacionados con la espiritualidad. Fue así como tres niños de la escondida y modesta localidad de Fátima ubicada a 107 kilómetros al norte de la capital Lisboa, serán testigos de uno de los hechos católicos más significativos del último siglo.

No era raro ver a Lucía Santos y sus primos, los hermanos Francisco y Jacinta Marto, pastorear junto a sus rebaños de ovejas por los verdes y pedregosos parajes de Fátima durante los soleados días de la primavera europea.

Y fue precisamente esa casualidad o esa elección de ir justo a su lugar favorito en el momento indicado, los montes de Aljustrel, donde la vida de estos tres pastorcillos cambiaría para siempre.

El 13 de mayo de 1916 en un campo cercano llamado Loca do Cabeco (Lugar de Cabeza) y la Cova da Iria (Ensenada de Irene), una extraña mensajera haría patente el deseo de hablar con los menores.

Eran cerca de las 10 de la mañana y mientras llovía profusamente, algo inusual para la fecha y más aún conociendo el clima meditarráneo de Portugal, un ángel celestial se les aparece a los pastorcitos, quienes impresionados le oyen decir: ”No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”.

Según los relatos posteriores de Lucía, la mayor del grupo, y sus primos Francisco y Jacinta, la sensación que los invadió una vez que hicieron contacto con el ente divino, fue de una felicidad interna, de gozo y tranquilidad y lejos de sentirse prisioneros de sus emociones, lograron infundirse expansión y libertad.

La propia Lucía Santos, quien escribió un libro llamado Lucia Racconta Fatima, publicado el 12 de septiembre de 1932, precisó acerca de la visitante que “sus palabras se sumieron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos, hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta que nos caíamos exhaustos”.

La segunda aparición de este enviado de Dios se produjo el mismo año, pero esta vez en verano. Hacía calor y los primos estaban en el jardín cerca del pozo de detrás de la casa de Lucía en Aljustrel.

El Mensajero les replicó el hecho de que no estuvieran rezando, pues adujo que “los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para ustedes. Deben ofrecer sus oraciones y sacrificios al Señor, el Altísimo”.

La mayor de los primos, Lucía, fue sin duda quien captó de mejor manera los mensajes del ente, ya que Francisco sólo podía ver la imagen, pero no escucharla, en tanto Jacinta, debido a su corta edad era incapaz de asimilar, a pesar de entender las palabras.

La propia Lucía Santos rescata en su texto el segundo encuentro: “Las palabras del ángel se sumieron en lo profundo de nuestras almas como llamas ardientes, mostrándonos quién es Dios, cuál es su amor por nosotros y cómo Él quiere que nosotros le amemos también. El valor del sacrificio y cuanto le agrada, cómo lo recibe para la conversión de los pecadores. Es por eso que a partir de ese momento comenzamos a ofrecerle aquello que nos mortificaba”.

Si bien la tercera y última aparición no se tiene una certeza de la fecha, se estipula que se produjo entre fines de septiembre y principios de octubre, aunque se ha dejado en claro que fue la más relevante por el contenido que le fue revelado a Lucía, Jacinta y Francisco.

Los niños se encontraba rezando en Cabeco cuando una potente luz brilló sobre sus cuerpos. De inmediato levantan sus cabezas y ven al ángel que tiene en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, una hostia de donde caían gotas de sangre.

Luego de rezar unas oraciones, el espectro se levantó y tomó en sus manos la hostia, la que finalmente se la dio a Lucía, y luego el cáliz, cuyo contenido se los dio a los otros dos.

Fue de esta forma en la que fueron catequizados en oración, sufrimiento por reparación y en la doctrina de la Santa Eucaristía. Fortalecidos por el Pan de Ángeles que los niños de Fátima fueron preparados para la visita de la Reina de Portugal, la Inmaculada Virgen María.


Las Profecías de Fátima

No sólo a la historia del catolicismo pasaron las tres apariciones de la Virgen de Fátima ante los tres pastorcitos portugueses, sino que el misterio que rodea los antecedentes entregados por la enviada de Dios. De acuerdo a lo aseverado por la Iglesia, habrían sido tres las profecías que se habrían proyectado y que se dieron a conocer a los fieles en 1941.

La primera de ellas tuvo que ver con la epidemia de gripe que azotó a Europa en 1918 y que quitó la vida a millones de personas, entre las que se encontraron los hermanos Francisco y Jacinta Marto. Sí, los mismos que vieron a la Virgen y que recibieron el contenido del cáliz en el último encuentro.

El segundo misterio se contextualiza con la belicosidad del hombre y el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945). Allí más de 10 millones de humanos murieron en los enfrentamientos y los métodos de exterminio.

No obstante a que eran tres los secretos o profecías que la Virgen de Fátima había elaborado para el mundo mediante los tres niños portugueses, el último no ha querido ser dado a conocer por el contenido que tendría éste.

A tal ha llegado la obstinación de la cúpula del catolicismo que cuando en 1960, el Papa Juan XXIII abrió y leyó el contenido de mismo, quedó tan asombrado que lo mandó inmediatamente a guardar bajo llave y con estricta prohibición que se hiciera público. Tres años más tarde el Sumo Pontífice moría en extrañas circunstancias en su habitación de la Basílica de San Pedro en El Vaticano.

Durante cuarenta años el mundo debió conformarse con ignorar qué decía el tercer misterio de Fátima. Tanta fue la presión por saberlo que el año 2000, el propio Juan Pablo II señaló que la tercera profecía no era más que el atentado que sufrió él mismo el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, luego de que un turco llamado Alí Agca, miembro del grupo extremista “Los Lobos Grises”, lo hiriera con un arma de fuego en el vientre y la mano izquierda.

Casualidad o no, lo cierto es que el atentado del Papa Viajero fue exactamente 65 años después de que la enviada de Dios hiciera el primer contacto con Lucía, Francisco y Jacinta.

A pesar de que la Iglesia Católica ya cerró el capítulo de los secretos de Fátima, han surgido dudas con respecto a si se estaría en presencia de la verdad por parte de la institución cristiana.

Ello porque no son pocos quienes especulan que habrá un fuerte decaimiento de la fe católica y el desmoronamiento de lo que se entiende por Iglesia Católica. Prueba de ello han sido los trabajos audiovisuales de distintos realizadores y productores que establecen que Jesús habría tenido familia junto a María Magdalena (“La Última Pasión de Cristo”, “El Evangelio según Judas” y “La Tumba de Jesús”).

Ante ello el clero no ha quedado ajeno y el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, sentenció que “hay peligros que amenazan la fe y la vida del cristiano, y por lo tanto del mundo. Y entonces la importancia del 'novissimi' (los últimos acontecimientos a fines de tiempo)”.

Especulaciones hay muchas, lo cierto es que los misterios de Fátima, esos que fueron entregados por la Virgen María a tres humildes pastorcitos de Portugal en 1916, han sido una constante de debate en todos los ámbitos y lo seguirán siendo pues la única que podría haberlo dilucidado era precisamente quien los recibió: Lucía de Jesús Santos. Lamentablemente, ella murió en febrero del 2005 en una congregación de Coimbra en Portugal a los 97 años.

Sexto sentido de los animales: cualidades intrínsecas


No es raro percatarse que los animales tenemos ciertas características que nos distinguen del resto de las especies del Reino. Son aquellos matices los que nos hacen percibir algunas sensaciones que otros sencillamente no pueden.

Si algunos tienen la capacidad de escribir música, relatar hechos, dominar una especialidad deportiva o bien retratar una figura de la naturaleza, ¿por qué los otros animales no podrían hacer lo mismo?

Es por ello que cuando Oscar, el gato que reside en un centro de atención médica para ancianos de Providence, Rhoad Island, Estados Unidos, pronosticó sin equivocarse ni una sola vez la muerte de una veintena de enfermos terminales, surgió la interrogante de que si este tipo de especies son capaces de adelantarse a los hechos que vendrán más tarde.

Oscar, un felino de poco más de dos años y que fue adoptado por el personal de Steere House cuando era sólo un cachorro, ha sorprendido a todos en el hospital geriátrico y especialmente a los familiares de los internados de la tercera planta.

Ello porque el animal cada vez que uno de los pacientes está por morir, los visita y se da un par de vueltas por la cama que los alberga. Ello ocurrió cuando el felino llegó a la habitación 313. La puerta estaba abierta y entró.

La señora K. descansaba tranquilamente en la cama, con la respiración constante pero débil. Oscar salta sobre la cama y de nuevo huele el aire. Se detiene a considerar la situación y entonces gira sobre sí mismo dos veces antes de enroscarse junto a la señora K. Una enfermera entró en la habitación para examinar a la paciente.

Se detiene inmediatamente al notar la presencia de Oscar. Preocupada, deja apresuradamente la habitación y vuelve a su mesa. Coge el historial médico y comienza a hacer llamadas a los seres cercanos de la paciente. A la media hora, empiezan a llegar los familiares y un sacerdote alertados por la profesional. Poco después, la señora K. fallece.

Coincidencia o no, lo cierto es que esta caso despertó el interés de muchos investigadores, entre ellos el mismo director del geriátrico, David M. Dosa.

El facultativo manifestó que los animales son capaces de 'sentir' cosas que los humanos, no pueden percibir. Existen evidencias de animales que se utilizan para predecir terremotos y, desde luego, se han contado historias sobre animales que identifican infecciones y la intromisión de agentes patógenos en el organismo. “Mi idea es que Oscar es capaz de oler algo que nosotros no, quizás una feromona. Pero en última instancia, esto sólo es una suposición".


Sentidos más desarrollados que los de los humanos

Pero no es su percepción lo más llamativo del comportamiento animal. muchos de estos hechos tienen una explicación: Los sentidos de la mayoría de los animales están mucho más afinados que los del hombre, nuestro cómodo modo de vida no precisa de unos sentidos desarrollados y muchas veces no podemos oír u oler cosas que ellos pueden sentir con claridad, por dar algunos datos significativos:

Los perros tienen 40 veces más células olfativas y aunque su vista no le permite identificar un objeto inmóvil a más de 300 metros, si lo puede oler; su rango de sonidos audibles es mucho mayor, pudiendo además orientar sus orejas, lo que les permite una mejor captación de los sonidos.

Los gatos poseen unos sentidos sumamente agudos. Reaccionan a sonidos y vibraciones que nosotros somos incapaces de percibir, ya que están equipados de un oído sumamente agudo, capaces de escuchar sonidos inaudibles para el oído humano, una vista excepcional incluso en la oscuridad y un olfato muy desarrollado, siendo muy sensibles a los fenómenos eléctricos y barométricos, de modo que no es sorprendente que puedan sentir que va a llover o detectar un terremoto o una erupción volcánica.

Sin embargo existen testimonios y hechos probados que llevan este "Sexto Sentido" a otros niveles que escapan de toda explicación científica.
Un ejemplo histórico, es el comportamiento del gato de Sir Winston Churchill, quien se encontraba muy enfermo en cama, atendido por sus médicos. Una noche cuando ya parecía que estaba fuera de peligro, su gato empezó a maullar para salir de la habitación. Al día siguiente, Churchill amaneció muerto, habiendo presentido su gato su muerte, mejor que los doctores.

No es raro que un gato intente descolgar el teléfono que suena, sólo si es su amo el que llama, o el caso de felinos que han recorrido miles de kilómetros para encontrar a su amo. Algunos perros, saben cuando su amo está en peligro y se ponen tristes, o saben cuando su amo va a llegar a casa, incluso los días que llegan a horas distintas a la habituales.


Animales que detectan fantasmas

En ocasiones vemos animales como perros y gatos que se quedan ladrando o aullando a un punto fijo en la nada. Dicen que los animales tienen un sexto sentido, un sentido que les permite ver o percibir la presencia de seres espectrales, detectar si un fantasma esta en una habitación y desde luego su compañía no les gusta.

En una noche tranquila donde no se oye ningún ruido, ni parece haber ningún movimiento, repentinamente nuestro gato echa las orejas planas, hacia atrás, con las pupilas dilatadas, el dorso arqueado, el pelo erizado, moviendo el rabo, soplando, y mirando fijamente en dirección de aparentemente nada.

Aterrado, el felino parece prepararse para defenderse ¿Pero de qué? ¿Tal vez puede ver o intuir algo que nosotros no podemos? Y si es así ¿No parece escalofriante pensar que tiene un miedo tan irracional a lo que esta viendo?

La sensibilidad de los animales, especialmente de gatos y perros, hacia los fenómenos paranormales es inquietante. El parapsicólogo norteamericano doctor Robert Morris utilizó animales como «controles» en sus experimentos durante los años sesenta. En una ocasión estuvo estudiando una casa habitada por fantasmas, y concretamente una habitación en la que había ocurrido una tragedia.

Pero no sólo Oscar, el felino de Churchill u otros mininos han pasado a ser parte de los múltiples ejemplos que a diario se generan para validar las tesis de si algunas especies animales tendrían la capacidad para predecir sucesos, escuchar sonidos o ver imágenes que para el sentido humano es imposible.

Fue el propio conservador del Museo de San Antonio, José Luis Brito Montero quien hace un par de años le tocó estar en el puerto de nuestra ciudad, justo antes de que se iniciara un movimiento telúrico de proporciones en la zona.

Sin embargo, ese antecedente no pasó inadvertido para el investigador porque fue él mismo quien se dio tiempo para observar sesenta segundos antes cómo los peces saltaban un metro sobre la superficie del mar.

Fue esa acción la que predijo el sismo que se avecinaría. Sólo después del temblor José Luis Brito entendió el actuar de los peces.

Los animales poseen un extraordinario desarrollo de sus facultades perceptivas, que les permiten ver lo que los humanos ni siquiera intuyen. Con una capacidad premonitoria excepcional son capaces de detectar la proximidad de terremotos o incluso conocer si una persona está diciendo la verdad o está mintiendo.


¿Tienen los animales un sexto sentido para los terremotos?

Los Oficiales de la Reserva de Animales Salvajes en Sri Lanka han reportado que, a pesar de la enorme pérdida de vidas humanas en el desastre Asiático ocurrido el 26 de diciembre de 2004, no existen evidencias de muertes de animales.

Las olas del peor tsunami que se recuerda, enviaron la inundación del agua hasta 3.5 kilómetros tierra adentro hacia la mayor reserva de animales salvajes en la isla. Muchos turistas se ahogaron pero, para sorpresa de los organismos oficiales, no se han encontrado animales muertos.

Esto ha resaltado las pretensiones de que los animales poseen un sexto sentido relacionado con el peligro. El Parque Nacional de Yala en Sri Lanka es el hogar de elefantes, venados, chacales y cocodrilos.


Sensitivos al cambio

Alabados por su conservación, este parque también es considerado uno de los mejores lugares del mundo para observar a leopardos. Ahora se encuentra cerrado después de que las inundaciones dañaron los edificios y causaron la muerte de turistas y empleados del parque.

Aún así, sorprendentemente, ninguna de las diferentes variedades de vida salvaje se ha reportado como muerta. Debbie Martyr, quien trabaja en un programa de conservación de tigres en la Isla Indonesa de Sumatra, una de las peores áreas del desastre del Domingo, dijo que a ella no le ha causado sorpresa conocer que no hubo animales muertos. "Los animales salvajes en especial son extremadamente sensitivos”, dijo.

"Tienen un extraordinario buen oído y probablemente escucharían la onda viniendo de larga distancia”. "Habrá existido vibración y pueden haber ocurrido cambios en la presión del aire lo cual alertaría a los animales y los hizo moverse hacia lugares que ellos consideraron más seguros”.

Hay muchos testimonios de pájaros y animales que emigran antes de que ocurran los terremotos y las erupciones volcánicas. La evidencia científica de un sexto sentido no existe, pero si estos reportes se confirman, podrían agregarse al conocimiento del comportamiento animal y posiblemente hasta poder ser utilizados en el futuro como un sistema de alerta para los humanos.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Apariciones y contactos en alta mar: escenario espeluznante y único


San Antonio, desde sus inicios como puerto moderno de Chile ha estado muy ligado al fomento de las actividades marítimas y pesqueras. Fue así como en los primeros años del siglo XX ya destacaba como un potencial punto de desarrollo para la Zona Central del país.

Poco a poco y de acuerdo a las nuevas implementaciones tecnológicas que se hicieron, el terminal marítimo logró una solvencia que alcanzó a toda la ciudad. Por su parte la pesca artesanal no quedó atrás y por muchos años fue la actividad productiva que permitió a cientos de familias de nuestra ciudad, brindar un pasar relativamente cómodo.

Si bien hubo momentos de evidente prosperidad, las vacas flacas no aminoraron el ímpetu de estos hombres que se podían pasar semanas sin retornar a su hogar, porque no había tiempo que perder cuando el mar les daba una “ayudita”.

Hoy sin embargo, quedó atrás el boom de la pescada, del congrio y el jurel de los años sesenta. Y para qué hablar de la albacora de los ochenta que catapultó a la pesca como una alternativa a la falta de empleo de jóvenes y adultos que soñaban con una vida sin sobresaltos.

No obstante, la actividad pesquera no ha estado exenta de hechos que le infunden un matiz mucho más rico y potente que el ser un área de desarrollo, ya que son muchos los hechos que por años han sido mudos testigos de las travesías a bordo de una embarcación de no más de 12 tripulantes que se enfrentan a las tortuosas y sinuosas vicisitudes de alta mar.

Dentro de éstas se cuentan cómo no, los hechos sin explicación, sin lógica científica, sin asidero de la realidad y sin espacios dentro de un imaginario que ha recorrido miles y miles de kilómetros de agua salada.

Muy por el contrario de lo que se pudiera pensar, aquellas leyendas y mitos de sirenas, animales acuáticos, monstruos marinos o siluetas a la luz de la luna no dejan de ser suposiciones que por lo menos entre nuestra gente de mar no les ha toca experimentar.

Eso sí, embarcaciones fantasmas como el galeón del siglo XV que divisó Manuel Jesús Flores cuando sólo era un niño y las apariciones y desapariciones de otras frente a sus propios ojos no han dejado indiferente a este pescador que por más de 40 años ha sabido lo que es respetar el fondo marino.

A diferencia de lo que muchos pudieran considerar como una escena típica de mar, los osnis (objetos submarinos no identificados) no abundan por las aguas de nuestra provincia, pues al parecer son sus símiles aéreos quienes se han presentado en más ocasiones ante la estupefacta mirada de los hombres de mar.

El propio Manuel Flores hace dos décadas atrás y mientras tripulaba “Las Tres Nietas”, fue testigo de una potente luz que iluminó la embarcación en la que se encontraba a eso de las dos de la madrugada.

Fue tal la potencia del haz de luminosidad que incluso llegó a pensar que estaba soñando y que ya era de día. Por lo avanzado de la noche y preso del pánico, don Manuel y sus compañeros de ruta no se atrevieron a asomarse y ver de qué tipo de objeto de se trataba.

Similar situación nos relató Raúl Hernández, a quien en 1996 y mientras se dirigía en “El Delfín” hacia Talcahuano, otra luz se posó en el lanchón y los dejó pasmados a todos quienes permanecían allí.

Él mismo señala en todo caso que no podría asegurar que era un objeto volador o submarino no identificado, ya que no se atrevió a salir y no vio nada, aunque da fe de que la luminosidad los inundó frente a las costas de Santo Domingo.

Para los más escépticos, quienes les ha tocado vivir una experiencia como ésta se defienden aduciendo que cada vez que una luz se ha posado por sobre sus lanchas, los instrumentos de búsqueda, comunicación y orientación se han detenido sin explicación alguna.

Asimismo, cuando sólo la luz de la luna los acompaña y el fenómeno ha pasado, la embarcación se encuentra a cientos de millas desde el lugar exacto donde estaban antes del hecho.

MISTERIOSAS APARICIONES Y HECHOS PARANORMALES

Para ser pescador o marino hay que tener una fortaleza única y un coraje especial para hacer frente a los fenómenos que se producen a cientos o a veces miles de millas de tierra firme. No obstante entre sus compartimentos y cuartos de máquinas abundan insólitas apariciones espectrales que ha recorrido el mundo.

Esto porque no son escasos los relatos que dan cuenta de apariciones fantasmales de barcos que es posible divisar a simple vista, pero que cuando se trata de dar con ellos, han desaparecido misteriosamente sin dejar rastro alguno.

A continuación enumeraremos los más espeluznantes ejemplos que ha nutrido la historia naviera del mundo.

The USS Hornet: Este buque estadounidense ganó nueve medallas por sus servicios en la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) y después trasladó a los tripulantes de la nave espacial Apollo 11 cuando llegaron a la Tierra.

Testigos afirman haber escuchado misteriosos pasos y voces pesar de no haber nadie a bordo, así como del desvanecimientos de marineros y oficiales con su uniforme que son seguidos de gélidas corrientes en habitaciones completamente cerradas.

Actualmente el USS Hornet es un museo flotante que despierta el interés de miles de turistas alrededor del mundo cada año, pero que esconde secretos aún no develados. Alan McKean, trabajador de la muestra y quien por años no creyó en los sucesos paranormales, manifestó que un día vio a un oficial de marina vestido con un uniforme de principios del siglo XX, al que siguió luego de que éste subiera por la escaleras. Lamentablemente McKean lo perdió y no lo volvió a ver más.

Según datos recolectados por historiadores, durante el servicio activo de este barco, más de 300 personas murieron a bordo de él y sus almas perdidas jamás se han podido desprender de barco militar.

El Holandés Errante: Esta historia es una de las más famosas y quizá de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace, por lo menos, 400 años. Su origen es incierto y guarda gran similitud con otros mitos que únicamente contienen algunas variantes lo que hace pensar que pueda ser incluso anterior a Cristo.

Lejanos antecedentes demuestran que en 1680 un barco holandés que hacía la travesía a las Indias Orientales, mandado por el capitán Hendrik van der Decken, navegaba desde Amsterdam a la colonia de Batavia, en las Indias Orientales holandesas.

Todo pareció ir bien para Van der Decken y su tripulación mientras navegaron hacia el sur por los soleados mares tropicales, pero cerca del cabo de Buena Esperanza un repentino temporal rompió las velas y destrozó el timón. Conforme pasaron los días y las semanas, el barco zigzagueaba una y otra vez, incapaz de avanzar frente al viento que soplaba en dirección sudeste. Según la leyenda, Van der Fiecken se enfureció cada vez más al ver que ninguna de sus habilidades y conocimientos de navegación le servían para bordear el cabo. No hacía otra cosa que proferir juramentos.

Aprovechando el desesperado ánimo de Van der Decken, el diablo le sugirió en sueños que desafiase el intento del Todopoderoso de impedirle bordear el cabo. Ciego de rabia, el capitán holandés profirió el reto: frenético lanzó el espantoso juramento, Gritando potentemente sobre el estruendo de la tempestad:

«Desafío al poder de Dios a detener el curso de mi destino y mi resuelta carrera. Ni el mismo diablo despertará mi temor. Aunque tenga que surcar los mares basta el día del juicio».
No se sabe quién citó por primera vez las palabras del capitán. Pero el castigo llegó rápidamente, cuando el Ángel del Señor ordenó que Van der Decken errase para siempre por los mares «hasta que las trompetas de Dios rasgasen los cielos».

El barco acabaría hundiéndose y la tripulación moriría, pero Van der Decken ha de proseguir su vigilia hasta el día del Juicio Final y seria condenado a vagar eternamente no dejando descansar su alma.

Van der Decken y su barco no llegaron nunca a Batavia. Desde 1680 son innumerables las gentes que han visto su barco. Se dice que cualquier buque que aviste al barco fantasma tendrá mala suerte.

Rescate en el mar: En 1895 Joshua Slocum, el primer hombre en dar la vuelta al mundo navegando solo, afirmó haber sido rescatado por un fantasma del siglo XVI. Todo ocurrió durante una feroz tormenta en las Islas Azores, el marinero americano se desmayó.

Cuando despertó, Slocum vio al timón de su barco a un marinero que decía que él era el timonel de la Pinta, una de las tres carabelas que acompañó a Cristóbal Colón en su expedición que descubrió América en 1492. Podría pensarse que todo fue una alucinación, pero el barco había permanecido en su rumbo exacto y a través de la tormenta durante más de noventa millas, lo que equivale a 144 kilómetros.

El Caleuche: Nuestro país no ha quedado al margen de embarcaciones que pululan entre la espesa niebla de alta mar, pues en la isla de Chiloé, al sur de Chile, una de las leyendas más impactantes y que se mantiene vívida aún es la del Caleuche.

Este barco fantasma habría sido tripulado por piratas en el siglo XVI y debido a fechorías cometidas al asaltar a otras embarcaciones y hacerlas naufragar, el destino los habría hecho perderse frente a las costas chilotas para después hundirse con todos los tesoros robados.

Es así como hoy en día son varios quien eluden toparse con el Caleuche y su tripulación ya que al momento de mirarlo de frente, cuenta el mito que la persona tendrá una horrorosa muerte.

En cambio, hay algunos que pueden tener un poco más de suerte y son ayudados por este buque espectral. Prueba de ello es que los “elegidos” son llevados hasta el fondo marino y se les muestra las abundantes riquezas, para luego disfrutarlas en tierra.

Eso sí, la condición es que no revelen jamás el secreto, porque de lo contrario vendrán los brujos del Caleuche y se lo llevarán con ellos para siempre.

domingo, 29 de julio de 2007

Asesinos en serie versus asesinos en masa: cuando la sociedad es la única perdedora


Desde el inicio de la vida humana ha existido un fenómeno que escapa a toda lógica de convivencia y asociatividad entre los hombres: los asesinatos. Una de las características más marcadas de lo que es un asesinato se circunscribe en una definición esencial “dar muerte a un tercero con saña, alevosía y dolo”, por lo tanto escapa a cualquier acción involuntaria o accidental.

Con el paso de los siglos el arte de matar se fue perfeccionando siendo el principal escollo para la policía la gran sofisticación que poseían los criminales y la desfachatez con la que actuaban cada vez que ponían entre ceja y ceja a una potencial víctima.

Pero una de las primeras aseveraciones que se debe hacer es diferenciar entre asesinos en serie y asesinos en masa, pues aunque suenen literalmente parecidos, tienes marcadas diferencias entre uno y otro.

Asesinos en serie (serial killers)

En esta categoría se acumulan quizás los más emblemáticos criminales que haya conocido la historia moderna. Ejemplos contemporáneos como Ed Gein, Ted Bundy o Andrei Chikatilo quienes premunidos de una indolencia única y una salvaje intención de matar cobraron vidas inocentes.

Así también hay clásicos como Madame Elizabeth Bathory, Jack El Destripador o el Petiso Orejudo, cuyos nombres hasta el día de hoy generan un halo de violencia y devoción, han inspirado filmes dedicados a su legado sangriento que aún son posibles ver en los clubes de video.

Pero ¿qué es lo que caracteriza a los asesinos en serie? Según los estudios realizados por psicólogos y psiquiatras uno de los factores a tomar en cuenta es su inalterable estado al momento de infundir violencia a otras personas, animales o cosas que ellos mismos consideran inferiores.

Tal es el caso de Ed Kemper, apodado “El Gigante Asesino” por sus más de 2 metros de altura y 135 kilos, quien por muchos años estranguló, destrozó y enterró vivos a sus mascotas, las que solía encontrar en California, donde residía. Ya a los 13 años había matado a machetazos a dos gatos de la familia, dejando en el armario los restos para ocultarlos de su severa madre, a quien no tuvo empacho de asesinar años más tarde.

Por lo general los rasgos comunes que se encuentran en los asesinos en serie permiten elaborar un diagnóstico certero: fríos, calculadores, perturbados por experiencias desoladoras cuando pequeños, negación de haber cometidos los hechos, actuación solitaria en los sucesos y ubicación de víctimas selectivas.

Asesinos en masa (mass murderers)

En este tópico encontramos por lo general a personas jóvenes de género masculino, quienes premunidos de un abundante arsenal de armas, dispara sin un objetivo claro. Casi siempre estos individuos poseen un carácter solitario y poco sociable, otra diferencia con los asesinos en serie quienes son siempre personas afables, tranquilas y modelos a seguir hasta que son descubiertos.

Tal ha sido el crecimiento de los asesinos en masa que durante el último tiempo nos hemos enterado de la existencia de muchos de ellos. A modo de ejemplo, Cho Seung-Hui, el estudiante surcoreano que el 16 de abril del 2007 dio muerte a 32 alumnos de la prestigiosa Universidad de Virginia Tech y quien luego se suicidó.

De acuerdo a los testimonios reunidos por la policía, el estudiante de último año de filología inglesa era sumamente solitario y callado, llegando al extremo de estar siempre solo y no responder al saludo de quienes lo conocían.

Las estadísticas hablan de que el 95 por ciento de los asesinos en masa son hombres que tienden a ser individuos solitarios que se sienten alienados y que, pese a su apariencia normal, experimentan un gran resentimiento.

Por su parte Katherine Ramsland, una de las más reconocidas expertas y estudiosas de los mass murderers, dijo que Cho Seung-Hui tenía un gran rencor por alguien o algo, una herida o frustración por la que alguien tenía que pagar y quería además que esa retribución fuera dramática.

Dentro de esta clasificación también entran Eric Harris y Dylan Klebold, quienes perpetraron el 20 de abril de 1999 la masacre del Instituto Columbine en Denver, Colorado. Allí doce alumnos y un profesor perdieron la vida, además de los atacantes.

El perfil que mejor identifica a los asesinos en masa son resentimientos por sucesos que los marcaron desde pequeños, a veces no saben con exactitud el acto que van a realizar, se arrepienten de sus acciones y por eso se suicidan, le avisan a un tercero antes de cometer su acto en forma de última confesión.

Estímulos que matan

Casi siempre los expertos en criminología hallan como principales factores de riesgo, los problemas psicológicos y sociales que contextualizar la vida del potencial asesino. Sin embargo se visualizaron tres las áreas a tomar en cuenta.

La primera de ellas es precisamente la sociológica, ya que vivir en condiciones de pobreza, discriminación y sin expectativas genera un entorno propicio para gatillar un resentimiento que se materializará más tarde como acto violento.

Es ese factor social el que determina fuertemente el segundo y que es el psicológico, pues no es habitual que todos aquellos que pasaron por estados de zozobras y carencias llegue a ultimar a una persona o a ensañarse con ella por haber sido postergado por la sociedad.

Es necesario que exista un gen que transmita esas sensaciones adrenalínicas y potencie el complejo de caracterización violenta extrema.

Quizás, el tercer elemento sea el menos analizado por los expertos, pero que desde ya despierta muchas conjeturas: el medial. A éste nos referimos a los estímulos audiovisuales, auditivos y escritos que pudieran llevar a dar muerte a alguien y a gozar con la sangre fría que los caracteriza.

Fue así como Cristián Tiznado Luna, el principal sospechoso de dar violar y dar muerte a Evelyn Sandoval Bassaure el pasado 21 de julio en la comuna de Algarrobo, se habría involucrado tanto en la trama de la serie nocturna de Televisión Nacional “Alguien Te Mira”, que trata precisamente de un asesino en serie, que no habría tenido empacho en asesinar a la mujer para aplacar las ganas convertir en una realidad esa historia ficticia.

Así también sucedió cuando Eric Harris y Dylan Klebold entraron con metralletas y armas hechizas al Instituto Columbine. El "culpable encubierto" en esa oportunidad fue el conocido rockero Marilyn Manson, quien con la crudeza de sus letras y su desbocado poder de muerte fue capa de estimular a estos jóvenes.

Lo cierto es que más allá de estos tres factores que juegan a favor de que se repitan acontecimientos tan sangrientos como los antes señalados, es preciso crear suficientes herramientas para impedir que aquellas personas que presentan estos síntomas, se vean expuestos a incentivos ligados a medios de comunicación masiva o bien queden sin un tratamiento que les ayude a controlar su ira y violencia.

Por tanto es tarea de los especialistas adelantarse a los hechos y a mermar el estallido de esa sensación macabra de quitar la vida sin reparos ni arrepentimientos a otros individuos de esta sociedad.

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